«¡Si la ví esta mañana!»

El Correo, M. A. C., 07-10-2010

«Salir de tu país para hacerte un futuro y tener que volver así, es horroroso», decía entre sollozos una mujer de nacionalidad portuguesa lamentándose de la muerte de Erika y Freddy. El matrimonio formado por la boliviana y el colombiano era muy conocido, y no sólo entre los inmigrantes latinoamericanos. Había razones para ello. Todos los que iban llegando a la inmediaciones, después de mostrar su dolor acababan comentando que «estaban muy integrados, se habían hecho aquí ya su vida, tenían su trabajo y estaban muy a gusto».

De hecho, Erika regentaba el bar Novel, en la carretera de Logroño, y este negocio de cara al público hacía que fuera una mujer conocida en la ciudad. Llegó a Miranda en el año 2001 y desde hace aproximadamente seis ofrecía «siempre una sonrisa y una palabra agradable» a los clientes del establecimiento.

Pese a la distancia entre este local y la vivienda del matrimonio, muchos querían cerciorarse de que lo que habían oído era cierto. «No puede ser, era una chavala extraordinaria, majísima». Pero, «¡si yo he tomado café allí esta mañana, la he visto!». La incredulidad ante la tragedia era absoluta.

Al margen de su trabajo, el hecho de pertenecer a la asociación boliviana hacía que fueran muchos más los que la conocieran personalmente y corroboraran que «estaba muy integrada en Miranda; estaba muy a gusto y se le notaba».

También su marido, Freddy, había conseguido asentarse profesionalmente. «Era autónomo y hacía cosas de albañilería, electricidad y fontanería y acababa de arreglar la casa». Los vecinos del inmueble que esperaban para poder entrar en sus domicilio insistían en lo mismo, «era una pareja encantadora, amables, trabajadores, unas excelentes personas»; cada vez que los evocaban, las lágrimas afloraban a sus rostros.

Resultó duro para todos esperar la confirmación de las noticias y, a medida que se fue haciendo realidad que la pareja había fallecido, quienes tuvieron que prepararse fueron los servicios sanitarios que debieron atender a algunos amigos y familiares que, tras el terrible golpe, sufrieron desmayos.

Allí recibieron consuelo el hermano de Erika, así como la hermana y los sobrinos de Freddy. Otros repetían de modo insistente: «A ver cómo le damos la noticia a sus familiares allá». En Bolivia quedaron padre y hermanos y en Colombia progenitores y también hermanos, así como los hijos de Freddy. Para ellos será la mayor ausencia.

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