le negARON el visado durante más de un mes
«Tengo fe en que mi hijo se salve»
Llega a Bilbao la madre del joven ecuatoriano que será operado de un grave tumor en la cabeza
Diario Vasco, , 01-10-2010Nada más pisar el suelo del aeropuerto de Loiu, Martina Judith Calvache dio gracias a Dios. Había llegado a tiempo desde Ecuador. La operación en la que su hijo, de 28 años, arriesgará la vida para luchar contra un grave tumor cerebral estaba prevista para este mes de septiembre en el hospital de Cruces, pero finalmente se ha retrasado. Podrá estar presente. Y cuidar de David Gregorio. Porque ella está segura de que todo saldrá bien. «Tengo fe en que mi hijo se salve», repetía.
Atrás quedan los lloros, las pataletas y la desesperación. La angustia porque el Consulado de España en la localidad natal de David, Guayaquil, le negó el visado durante más de un mes. Su responsable no se fiaba de ella y sospechaba que era una excusa para quedarse a vivir en España. A pesar de que Martina le había entregado todos los justificantes que le pidió. «Desde los informes médicos de la terrible enfermedad de mi hijo a sus nóminas y las mías e incluso documentos sobre mis propiedades». Una decisión que la oficina diplomática decidió no alterar hasta que el Ministerio de Exteriores intercedió por un joven que es consciente de que puede morir en cualquier momento y que asegura: «Necesito a mi madre conmigo».
«¿Cómo se puede negar a una madre estar con su hijo?», recriminaba Martina a los responsables españoles en su país. Porque durante «días y días» vio «imposible» acompañarle en el trance más importante de su vida. «He sufrido mucho».
Ayer, sin embargo, todo eran besos y abrazos con su «pequeño». El menor de cinco hermanos, que hace ocho años eligió la capital vizcaína para labrarse un futuro mejor al que le esperaba en Ecuador. Martina quería pasar página y preocuparse de lo verdaderamente importante: «Que pronto pueda volver a mi país dejando a David con buena salud».
David Gregorio también se mostraba «inmensamente feliz». Hacía cinco años que no estaba con su madre; que sólo se comunicaba con ella por teléfono y carta. Su llegada a Bilbao, aunque fuese con dos horas de retraso, le permitió olvidar durante unas horas su enfermedad, un cavernoma cereboloso con sangrado subagudo un tumor en la parte posterior de la cabeza que no para de extenderse y amenaza ya con afectar a órganos funcionales.
Y eso que ayer mismo había tenido cita con el doctor que le va a operar. No le había dado buenas noticias. Al contrario. El coágulo está ubicado en una zona demasiado peligrosa. «Mucho más delicada de lo que yo pensaba». Pegada al tronco central del cerebro, el bulbo raquídeo, «que es el que mueve todas las extremidades».
Las posibles secuelas, además, conforman una lista interminable: trombosis, fracaso respiratorio agudo, infarto cerebral, tetraplejia, embolias y, por supuesto, «mortalidad operativa».
«Vivir a tope»
David Gregorio salió «chafado» de la consulta. Pero eso no hizo decaer su determinación. «No operar es dejar que el tumor siga sangrando, creciendo y afectándome al cerebro, que se multipliquen los insoportables dolores de cabeza que sufro, que pierda movilidad, vista…. la vida». Firmó la autorización para ser intervenido y tan sólo está a expensas de una última resonancia. «Me llamarán para entrar al quirófano en unos días», aseguró.
Un tiempo que no desaprovechará con su madre. Ni un minuto. «Voy a conversar mucho con ella y a cumplir a rajatabla los consejos del médico: vivir la vida a tope, como si fuera lo último que voy a hacer».
Martina, sin embargo, insistía en ponerse plazos. Pero no los que marca la operación, sino los 90 días de permiso de su visado. Tiene la seguridad de que podrá consumirlos cuidando de su hijo hasta que se reponga. «Y dejarlo aquí como nuevo, con muy buena salud».
El abogado de David, Javier Galparsoro, destacaba ayer su entereza. «No dejará nunca de luchar». Incansable, el propio David anunciaba una nueva batalla: contra la cónsul de Guayaquil. «Incluso después de autorizar el visado, retrasó su entrega hasta que mi madre perdió el avión y los 1.350 euros del pasaje. Si no nos llegan a ayudar a comprar otro, no estaría aquí», protestó.
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