«Tengo toda la fe en Dios de que ahora todo va a salir bien»

El joven ecuatoriano que será operado en Cruces se reúne con su madre en Loiu * Disminuye el tamaño del texto * Aumenta el tamaño del texto

El Mundo, BEATRIZ RUCABADO / Bilbao , 01-10-2010

El reloj marcaba poco más de las seis y cuarto, casi dos horas más tarde de lo previsto. Poco a poco, la gente se acercaba a las cintas transportadoras a recoger sus maletas, pero desde la zona de espera del aeropuerto de Loiu, David Gregorio sólo tenía ojos para una persona. Vestida con un traje gris de chaqueta y pantalón, Martina Judith esperaba pacientemente a su equipaje mientras su hijo trataba de llamar su atención desde arriba. «No me reconoce», comentaba nervioso. «¡Cómo no te va a reconocer! No te ve», le tranquilizaba una amiga.

Hacía cinco años que madre e hijo no se veían. Cinco años de los que David Gregorio Macías, un joven de 28 años, ha pasado los dos últimos meses «batallando» para conseguir algo tan sencillo como que su madre de 57 años pudiera volar desde Guayaquil (Ecuador) para acompañarlo cuando en los próximos días sea sometido a una operación en el Hospital de Cruces para extirparle un tumor en el cerebro.

Madre e hijo pusieron fin ayer a esta lucha con un emocionado abrazo en la puerta de llegadas del aeropuerto de Loiu. Atrás quedaban las batallas legales para conseguir que la cónsul general de España en Guayaquil, Sofía Ruiz del Árbol, concediera el visado a Martina Judith, a la que se lo había denegado argumentando que «no se ha podido esclarecer su intención de abandonar el territorio de los estados miembros antes de que expire el visado».

El jueves pasado, ante la expectación que había despertado el caso, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación aprobó finalmente el visado, por «razones humanitarias», pero no sin antes hacer firmar a Martina Judith un compromiso de retorno en el que asegure que, tras la operación, volverá a Guayaquil.

Mientras esperaba a su madre, las dos horas que se retrasó el vuelo se hicieron eternas para David Gregorio, que esperaba desde primera hora de la tarde y no veía el momento de abrazar a su madre que, explicaba, ha estado «muy nerviosa» estas últimas semanas.

Para Martina Judith el de ayer era su primer viaje en avión y la primera vez que volaba a España. Dos días de puentes aéreos para poder estar junto a su hijo en la operación. «Tengo toda la fe en Dios en que va a salir bien», decía esperanzada tras abrazar emocionada a David Gregorio y agradecer a todos los que han hecho posible su viaje, sobre todo al abogado Javier Galparsoro, presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado CEAR-Euskadi.

«Cuando le denegaron el visado, lo viví con una gran impotencia; después de pedir tanta documentación, lo denegaban porque decían que ella venía a trabajar; pero eso no es cierto, sólo viene porque yo estoy mal, para estar conmigo», recordaba.

Tras el reencuentro, madre e hijo deberán hacer frente ahora a lo más duro. Una intervención que puede tener consecuencias graves como la paralización de medio cuerpo, explicaba ayer con entereza el joven, quien decía que ahora, con su madre a su lado, podrá entrar «con más fuerza» al quirófano.

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