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"Hasta tres veces ha tenido que cambiar de vuelo mi madre porque no obtenía el visado"

David Gregorio reside en Bilbao y sufre un tumor cerebral La presión social logra que su madre obtenga "por razones humanitarias" el visado que le negaban en Ecuador

Diario de noticias de Gipuzkoa, J. Fernández , 24-09-2010

Bilbao. En un par de horas, la voz mustia, nerviosa y juvenil de David Gregorio olvidó su tristeza y amargura. Su madre podrá estar a su lado el día que entre a quirófano en el hospital de Cruces para ser intervenido de un tumor cerebral. Sabe que se trata de una operación de riesgo; puede quedarse tetrapléjico o sufrir pérdidas de memoria o quedarse sin olfato o tacto,… o morir. Sin embargo, la angustia y ansiedad de este ecuatoriano de 28 años son menores después de que a última hora de ayer (mediodía en Guayaquil, la tierra que lo vio nacer) recibiera la esperada llamada telefónica de su Martina.

Por fin, la cónsul española en aquel país suramericano, Sofía Ruiz del Árbol, había dado el visto bueno a la concesión de un visado por razones humanitarias para que su madrecita pueda cruzar los Andes para acompañar a su hijo pequeño en un momento tan delicado. “El sábado (mañana) a primera hora espero que pueda estar aquí”, reconocía un David cansado, “muy cansado”, por el fastidioso peregrinaje que el Consulado español se empecinó en prolongar en el tiempo. “Hasta tres veces ha tenido que cambiar de vuelo mi madre porque no obtenía el visado”, repetía ahora sí ilusionado este cocinero arribado a la capital vizcaina hace ocho años “para hacer mi vida”, reconoce sentado en su hogar.

La diplomática española se negaba a otorgar el documento para que Martina saltara los nueve mil kilómetros que la separan de su hijo, a quien no ve desde hace cinco años, alegando que “no estaba debidamente justificado el motivo del viaje” y que había “temor de que la madre pretendiera quedarse en España” a trabajar. “¿Qué va a venir aquí una persona de 57 años a trabajar?”, respondía molesto David. “Tiene allí su vida hecha. Tiene incluso un pequeño comedor allí; y eso se lo comentó a la cónsul”, zanja.

Incluso tuvo que enviar una copia de sus nominas, de su vida laboral, del contrato de trabajo, justificar su lugar de residencia, las bajas médicas,… “No sé qué más quiere esta cónsul”, razonaba. Y es que, hasta la tarde de ayer, la diplomática española también hizo caso omiso del informe médico que confirmaba la gravedad de la enfermedad de David, expedido por el hospital de Cruces el pasado día 13, y de la carta de invitación policial favorable a la venida de su madre fechada a comienzos del pasado mes de agosto, el día 3 en concreto, tal y como ha podido saber este periódico.

“Yo sólo quiero que esté aquí. Necesito que mi madre esté conmigo”, se sincera el joven con la mirada entregada en el calendario.

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