AL DÍA

«Puedo morir y necesito a mi madre»

Tras recibir presiones desde España, el consulado en Ecuador da el visado a la mujer

Diario Vasco, JOSÉ DOMÍNGUEZ | BILBAO., 24-09-2010

«He llorado tanto, que ya no me quedan lágrimas». David Gregorio Macías ha tenido que superar todos sus miedos para enfrentarse cara a cara con la muerte. En unos días se someterá a una complicada operación en el hospital de Cruces y es posible que no salga del quirófano. O que quede tetrapléjico. Pero ha preferido arriesgarse a soportar las consecuencias del tumor cerebral que le aqueja. Y, a sus 28 años, ha soportado esta tragedia personal con entereza, sólo en su piso del bilbaíno barrio de Irala. Aunque en los últimos días se había derrumbado.
«Puedo morir y necesito a mi madre conmigo», repetía ayer por la mañana. Sin embargo, el Consulado de España en su localidad natal, Guayaquil (Ecuador), le denegaba el visado a la progenitora para evitar cualquier posibilidad de que se quedara a vivir en la Península. Horas más tarde, y tras hacerse público el caso, la oficina diplomática cambiaba de opinión tras recibir presiones desde el Ministerio de Exteriores y le concedía el permiso «por razones humanitarias». Otra batalla ganada por un joven vital.
Porque lo suyo ha sido una lucha constante desde que emigró en 2002. Sin padre y con cuatro hermanos, vivían del restaurante de su madre, pero la crisis del país andino le obligó a elegir. Él era el pequeño. El que menos futuro tenía. Lo buscaría en otro lugar. Llegó a Bilbao cargado de ilusiones. Pronto encontró trabajo. Desde entonces no le ha faltado. Siempre entre los fogones de varios restaurantes. En la villa intentó crear su propia familia. Tiene una hija de cinco años. Pero la envió a Ecuador en 2006 porque la jornada laboral de su pareja y la suya eran incompatibles con la maternidad, y quizá también con una relación que se rompió hace dos años.
Con todo, la vida le sonreía. Piso en alquiler, tarjeta de residencia e incluso la nacionalidad española a la puerta de la esquina. Pero no contaba con la aparición de unos insoportables dolores de cabeza. Fue al médico en abril. Diagnóstico aterrador. Un cavernoma cerebeloso con sangrado subagudo. Un tumor en la parte posterior de la cabeza.

«Me lo pusieron muy crudo»

El médico del hospital de Basurto «me lo puso muy crudo». Descartó la operación y le exigió una vida «sedentaria y medicalizada, a expensas de la evolución del tumor». Buscó una segunda opinión. Un doctor de Cruces le devolvió la esperanza. Se puede intervenir y, a pesar de la gravedad, hay posibilidades de éxito. Incluso después de una recaída y de que el cáncer se extendiera en julio.
Apoyado en un informe médico, pidió a su madre que le acompañara en la operación. Incluso obtuvo una recomendación del Cuerpo Nacional de Policía. Todo fue insuficiente para la cónsul, «que no paraba de pedirnos nóminas, y todo tipo de papeles». Martina Judith Calvache ha vivido una auténtica pesadilla estos 15 días. Ayer a las diez de la mañana (seis de la tarde en España) recibía el enésimo no. Repentinamente, su suerte cambió. «No sin quejas porque hayamos alertado a los medios de esta injusticia», reconocía David. Porque lo cierto es que el Consulado de Guayaquil insiste en que «existe claramente un riesgo de que se quede». Por eso exigirá a la mujer que se comprometa a retornar a Ecuador cuando termine de cuidar a su hijo.

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