Internacional

Una piedra en el zapato de Sarkozy

Su célebre puñetazo en el atril puede haber cambiado el rumbo político de la legislatura europea

ABC, e. serbeto / estrasburgo, 22-09-2010

Es la integrante más veterana de la Comisión y en su tercer mandato tiene más experiencia en Bruselas que el propio José Manuel Barroso, así que a pocos les ha extrañado que haya sido esta política luxemburguesa de 59 años la que se embarcase en un pulso colosal con el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Su compañera en la Comisión, la sueca Cecilia Malmstrom, titular de Interior, la califica como alguien «muy eficaz, valiente y con mucha experiencia» en los laberintos comunitarios. La valentía la ha probado con creces al desencadenar una grave crisis institucional, enfrentando a la Comisión con uno de los países fundadores .
Como antigua periodista conserva también un instinto muy agudo para saber cuándo y cómo asomarse a los medios de comunicación. Ayer debía presentar en Estrasburgo un paquete de medidas para evitar las desigualdades que sufren las mujeres en el mundo del trabajo, pero sabía perfectamente que no podría evitar las preguntas sobre la polémica con Francia, y por ello empezó su comparecencia con un sarcasmo: «En mi larga carrera política es la primera ocasión en la que veo tanta atención a los temas de la igualdad de género».
Una «histérica»
Su famoso puñetazo en el atril al grito de «enough is enough», que equivale a un muy enérgico «¡ya está bien!», pasará a los anales de la siempre tibia actitud de la la política europea. Y Reding tiene el carácter bien templado como para no arrepentirse ni por un momento de ello: «Cuando eso lo hace un hombre se interpreta como una actitud varonil y decidida, pero si lo hace una mujer dicen que es una histérica. No creo que eso sea aceptable».
Su experiencia le valió para ser uno de los comisarios que salió mejor parado de las audiencias parlamentarias que preceden a su nominación. Juan Fernando López-Aguilar, el eurodiputado socialista español que preside la comisión parlamentaria de Libertades Públicas y que se reúne con Reding al menos un par de veces al mes, valora que «en este punto está actuando con independencia». Miembro de la familia popular, Reding dejó un sabor de boca muy amargo a la presidencia española cuando se enfrentó al ministro de Justicia, Francisco Caamaño, en el trámite de la orden europea de protección a las víctimas de la violencia de género. «A mí no me toca explicarla y mucho menos defenderla», insiste, pero reconoce que «está haciendo su trabajo en la defensa de los Tratados, que corresponde a la Comisión Europea».
El pulso que ha lanzado a Sarkozy marcará sin duda su carrera política, «si es que sobrevive», apostillaba ayer un funcionario del Parlamento Europeo. El Gobierno luxemburgués, que la ha propuesto tres veces como comisaria, no tiene más remedio que apoyarla, pero está por ver si ella será capaz de sobrevivir a la venganza del Elíseo, donde su referencia a la II Guerra mundial en el debate sobre la expulsión de gitanos cayó como una ducha de agua fría. Sarkozy llegó a hablar de «palabras asquerosas», y confesó que «sin ese tipo de accesos verbales el caso se habría resuelto de otra manera». Puesto que los hubo, el presidente francés se encargó de exponerlos ante sus colegas en el Consejo y hacer que todas las delegaciones, incluida la española, los condenasen. Pero Reding no se arruga fácilmente. Cuando le preguntaron ayer si no se sentía debilitada por esas críticas respondió desafiante: «¿críticas?, ¿qué críticas?».

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