El panorama postelectoral de Suecia

El fin de una era

El conservador Reinfeld negocia con Los Verdes para minimizar el éxito ultra

La Vanguardia, GEMMA SAURA - Estocolmo Enviada especial , 21-09-2010

El primer ministro Fredrik Reinfeldt trataba ayer de salvar la imagen de Suecia y lograr una mayoría con el apoyo de Los Verdes que mantenga aislada a la ultraderecha en el Parlamento.

“El fin de una era”, titulaba su editorial el diario conservador Dagens Nyheter,en una frase que encierra tanta satisfacción como pesadumbre. Porque ayer los suecos se despertaron de una larga noche electoral con la sensación de que su país ha cambiado para siempre, pero sin la certeza de si para bien o para mal.

Para la derecha, la reelección del conservador Reinfeldt marca el fin de una suerte de sistema de partido único en un país donde los socialdemócratas nunca habían permanecido más de una legislatura fuera del poder. Para la izquierda, en cambio, supone una estocada mortal al envidiado modelo sueco de bienestar.

Derecha e izquierda coinciden en lo terrorífico que les resulta la entrada de la ultraderecha en el Parlamento. En la civilizadísima Suecia, ha germinado el mismo monstruo xenófobo que avanza en la región y el resto de Europa. Y, lo que es peor, los veinte diputados de Demócratas de Suecia (DS) tienen las llaves de la gobernabilidad en una Cámara sin mayoría absoluta.

“Fuerzas oscuras han secuestrado a la política sueca”, lamentó el tabloide Expressen.En este nuevo paisaje político, el primer ministro insistió en que su Alianza de centroderecha formará gobierno pese a haberse quedado dos escaños por debajo de la mayoría y recordó que tiene hasta el 4 de octubre para negociar con el resto de los partidos. La intención de Reinfeldt es obtener el apoyo de Los Verdes, que se han presentado en los comicios con los socialdemócratas y La Izquierda. Pero la líder verde, Maria Wetterstrand, rechazó ayer esta posibilidad: “No apoyaremos a la Alianza. No hemos recibido el mandato de nuestros votantes para ello”. Los Verdes pidieron una reunión de todos los partidos para analizar la situación tras la “lamentable” entrada del DS en el Parlamento, una señal de que no están dispuestos a desentenderse de la coalición rojiverde.

“Los políticos aún no se han dado cuenta de lo seria que es la situación – se queja Martin Ådahl,ex economista del Banco Central y director del think tank liberal Fores-.Es momento de comenzar a pensar en el interés nacional y abandonar los juegos políticos”. Su temor es que la imposibilidad del gobierno de contar con una mayoría acabe regalando al DS una influencia decisiva en el Parlamento, por más que todos los partidos pretendan aislarlo. “No creo que un gobierno minoritario aguante cuatro años. El primer problema serán los presupuestos. ¿Quién garantiza que el DS no se alineará unilateralmente con la oposición y los tumbe?”.

El DS tiene su feudo en el sur sueco, muy influenciado por Dinamarca

La sombra danesa, donde el xenófobo Partido Popular Danés ha escalado hasta lograr que el debate político gire en torno a la inmigración y el islam, se cierne sobre Suecia. Con todo, “aún está lejos del ambiente tenso con la inmigración de Dinamarca, Holanda, Austria; aquí la corriente es tolerante y abierta”, afirma Adahl. Suecia tuvo un partido populista en el Parlamento en los noventa, pero nunca uno abiertamente xenófobo como los Demócratas de Suecia, que prometen frenar la inmigración en un 90%.

Con una media de 100.000 inmigrantes al año y el 14% de los suecos nacidos en el extranjero, por supuesto que hay desafíos. “Debemos hallar un modo de incorporar los inmigrantes al mercado laboral, que actualmente les da muy pocas oportunidades. Esta gente no viene para vivir de subsidios – dice Adahl-.Y debemos asumir que ya hace mucho tiempo que nos hemos convertido en un país de inmigrantes. Y son cruciales para nuestra economía. Europa tiene mucho que aprender de Canadá o EE.UU.”.

Malena Sundström, de la Universidad de Malmö, considera que Suecia debe replantear sus políticas de inmigración “porque algunas zonas soportan una carga demasiado fuerte”. Malmö, donde el DS ha logrado un 8%, “se ha convertido en una ciudad segregada, con barrios sólo para suecos y otros sólo para inmigrantes”. El bastión de la ultraderecha se concentra en el sur, muy influenciado por Dinamarca y con una larga tradición antiinmigrante. Sundström recuerda que ya en 1988 la localidad de Sjöbo rechazó en referéndum acoger a refugiados. Pero sus feudos, donde el DS supera el 20% de votos, suelen tener tasas de inmigración especialmente bajas.

La negativa de los Verdes a apoyar unilateralmente a la Alianza de centroderecha refuerza la continuidad del bloque de izquierda, que concurría por primera vez en coalición a unos comicios, e indirectamente a la líder socialdemócrata, Mona Sahlin.

Pese a haber cosechado los peores resultados del partido en casi un siglo, Sahlin insistió ayer en que seguirá al frente de los socialdemócratas.

El conservador diario Dagens Nyheter saludó el fin de la hegemonía del Partido Socialdemócrata, que ha gobernado 61 de los últimos 74 años. “Los días en que un partido estaba suscrito al poder y podía decidir todo han llegado afortunadamente a su fin”, escribe.

Sundström señala que el triunfo de Reinfeldt se explica porque ha sabido adueñarse de la defensa del Estado de bienestar que tradicionalmente encarnaba la socialdemocracia. “Reinfeldt ha sabido conducir su Alianza desde posiciones muy conservadoras hacia el centro, en una transformación que puede compararse con la del Nuevo Laborismo de Blair, aunque en este caso en sentido contrario”.

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