ÁNGELES CASO | ESCRITORA

"Todavía no soy la escritora que quería ser"

La última ganadora del Premio Planeta ofreció ayer una charla en la UPNA dentro del ciclo "Hablando con escritoras", organizado por el centro de atención a la mujer Andrea. "Sí creo en una mirada femenina sobre el mundo", asegura

Diario de Navarra, AINHOA PIUDO . PAMPLONA, 21-09-2010

La escritora y articulista Ángeles Caso (Gijón, 1959) creció en una familia donde hermanos y hermanas compartían derechos y obligaciones. Tal vez por eso vive convencida de que, hoy aún, hay que seguir peleando por la igualdad. Ayer estuvo en Pamplona desgranando las claves de su última novela, Contra el viento, que le valió el premio Planeta 2009 y que está basada en la vida de una inmigrante caboverdiana que lucha por su dignidad frente a las reiteradas embestidas de la vida.
“Son invisibles, porque son mujeres, negras y criadas”, asegura.

Vuelve a Pamplona y viene a hablar en un ciclo sobre mujeres escritoras. Usted sí cree en una mirada femenina sobre el mundo.

Sí. Virgina Woolf se preguntaba si la hermana de Shakespeare hubiera podido escribir las mismas cosas que escribía él. O Tolstoi, que fue oficial del ejercito ruso en la guerra. Su hermana nunca hubiera podido escribir Guerra y Paz. Sí creo que hay una manera de estar en el mundo, unas cosas que nos suceden por ser mujeres y otras que no nos suceden. Lo que me molesta mucho es que se piensen que porque mi mirada es de mujer, sólo nos pueden leer mujeres. Eso me ofende.

¿Sigue habiendo gente así?

Hay muchos hombres que no quieren leer libros escritos por mujeres. Nosotras hemos leído siempre libros maravillosos escritos por hombres y les estamos agradecidas. Los criterios de la mirada femenina tienen que tener el mismo valor.

¿Se está convirtiendo en una abanderada del movimiento por la igualdad?

No, yo no me siento abanderada de nada. Hay muchísimas mujeres que han luchado mucho más que yo. Lo que yo tengo es el privilegio de tener una voz que es escuchada, en mis artículos, en mis novelas. Eso me confiere más visibilidad que a otras. No me siento abanderada, pero sí es verdad que tengo ese compromiso. Quizá por mi educación . Nosotros éramos un hermano y tres hermanas y nos educaron exactamente igual a los cuatro. Cuando salí al mundo me sorprendió muchísimo descubrir que no todo era así, sino que seguía habiendo enormes injusticias y desigualdades. Y, especialmente, esa manera en la que muchos hombres tratan de ejercer el dominio sobre las mujeres mediante la agresividad. Es algo terrible.

¿Usted ha estado alguna vez en esa situación?

Por supuesto. A mí me ha pasado lo de estar en el metro y que se te arrime un tipo. O ir por la calle y el tío que te mete mano, directamente por el escote. No es nada excepcional, creo que nos ha pasado a todas. Incluso me he encontrado con algún amago de compañero afectivo que ha intentado dominarme. Me sorprende que haya mujeres que no hayan vivido eso de una manera u otra.

¿Cree que la gente que, como usted, tiene voz y visibilidad, está en la obligación moral de involucrarse activamente en causas?

A mí me parece que es importante. El mundo se cambia así, mediante actitudes de implicación, reflexionando y compartiendo eso con los otros. Con esto no quiero decir que todo lo que se escribe tenga que ser necesariamente comprometido, porque el compromiso fundamental de un escritor es con la literatura.

En Contra el viento,la emigrante caboverdiana Sao protagoniza la historia. ¿Sigue en contacto con n ella?

Sí. Anoche mismo hablamos por teléfono. Mantenemos la amistad, y estuve con ella hace poco.

¿Cómo ha vivido ella todo este boom alrededor de una historia que cuenta su vida?

Para ella ha sido muy emocionante. Son mujeres que son muy invisibles, por el hecho de ser mujeres, de ser negras, de ser inmigrantes, de ser criadas. No tienen voz y a nadie le importa qué les pasa, con qué sueñan o por qué sufren. También otras muchas mujeres inmigrantes se han acercado a mí en estos meses. Yo creo que se sienten contentas y orgullosas de pensar que son dignas de que alguien deposite su mirada en ellas y las convierta en protagonistas de una novela.

¿No tuvo nunca Sao algún reparo por exponer toda su biografía?

No. Ella vive en Lisboa y cuando la novela se tradujo al portugués , estaba un poco preocupada. Pero enseguida se dio cuenta de que todo el mundo le decía: eres un ejemplo para otras mujeres.

¿La crisis que atravesamos es la excusa perfecta para azuzar el odio contra los inmigrantes?

Sí, sí. Y esto ha pasado habitualmente a lo largo de la historia. La gran crisis económica que Alemania padeció en los años 20 terminó con la llegada del nazismo al poder. Qué pena que tratemos así a gente que lo único que hace es buscar una vida un poco más digna para ellos mismos y para sus hijos. Y que, además, nos ayudan a nosotros a que la nuestra sea más digna también.

¿Qué le parece lo que está pasando en Francia con los gitanos rumanos?

Es terrible condenar de esta manera a un grupo étnico, señalarlo con el dedo, demonizarlo y expulsarlo de una tierra. También debo decir que los gobiernos de Rumanía y de Bulgaria no han cumplido sus compromisos con la Unión Europea de emplear un cierto dinero para integrar plenamente a estos grupos sociales. No lo han hecho y han empujado a esta gente a irse fuera del país, porque allí también les molestan.

¿Ha cambiado su vida desde que ganó el premio Planeta?

No. He podido pedir una hipoteca, porque seguía viviendo de alquiler. También me han traducido a muchos idiomas. Pero no, en el sentido profundo del término, no se cambia.

¿Qué le parece toda la polémica que se monta todos los años alrededor de este premio?

Es un premio comercial, que mueve muchísimo dinero. Es lógico que haya siempre todo este follón alrededor.

¿Lo asume con naturalidad?

Esto es un juego. Si entras, ya sabes lo que hay.

Hace muchos años que dejó la televisión y todavía hay quien la recuerda como la presentadora del Telediario.

Es sorprendente. No llegó a dos años lo que estuve en el Telediario, y hace 26. Hay gente que es muy pesada con esto. Siempre digo que antes y después he hecho otras muchísimas cosas y, para mí, más interesantes. Prueba de ello es que me fui enseguida.

Escribir es lo que quería hacer desde pequeña.

Sí, así es. En un momento dado, me había dejado llevar un poco por la vida, por la necesidad de trabajar. Pero me di cuenta de que estaba perdiendo una parte fundamental de mí misma. Volví atrás y lo recuperé.

¿Ha llegado ya a ese objetivo con el que soñaba de niña?

En cierta manera, pero todavía no soy la escritora que quería ser. Aspiro a ser mejor. No sé si alguna vez estaré del todo satisfecha. Si uno pensase que ya ha escrito su obra maestra no seguiría escribiendo. No sé si alguna vez realmente, antes de morirte, llegas a la conclusión de que por fin has llegado.

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