La derecha sueca rechaza a los ultras y se ve abocada a gobernar en minoría

El Correo, P. BORGUNSSON, 21-09-2010

«Un pacto con la ultraderecha de Demócratas de Suecia es impensable. Hemos dejado claro que nos negamos a trabajar con este partido». Fredrik Reinfeldt, el primer ministro y líder de la coalición gobernante de centroderecha que el domingo volvió a imponerse en las legislativas, precisó ayer que cumplirá su promesa electoral. Su «coherencia política» le enfrenta a la perspectiva de tener que formar Gobierno en minoría tras no lograr la mayoría necesaria en el Riksdagen (Parlamento bicameral).

Respuesta negativa

Reinfeldt tiene hasta el 5 de octubre para sumar apoyos exteriores. Desde hace tiempo, sus miradas se han fijado en el opositor Partido Verde, pero, hasta la fecha, los ecologistas no se han visto seducidos. «Usaremos el tiempo que nos queda, porque hay que esperar a que el resultado electoral se asiente», aclaró el líder conservador, de 45 años.

Los verdes mejoraron al cosechar el 7,2% de los votos y alcanzan la cuarta posición en el ranking parlamentario. Ese apoyo de sus simpatizantes llevó ayer a su cabeza de lista, María Watterstrand, a reiterar que considera que no han recibido el «mandato de nuestros votantes para comenzar ninguna negociación con la alianza. Ni para formar parte del Gobierno ni para estrechar nuestras relaciones con la derecha». Posiciones inconciliables en medio ambiente y la reducción de gases hacen imposible un matrimonio de conveniencia.

Reinfeldt deberá afrontar la dirección del país en solitario, con búsquedas puntuales de respaldo entre la oposición y, por supuesto, arrinconando proyectos controvertidos. Su primera derrota podría ser en política exterior, ya que tanto el centroizquierda como los xenófobos antiislamistas reclaman que Estocolmo repatríe a los quinientos soldados desplegados en Afganistán.

La ultraderecha de Jimmie Aakesson espera y defiende que tiene la llave del poder y que el resto del arco parlamentario no tiene más remedio que reconocerla. Mientras tanto, miles de personas se manifestaron ayer en las principales ciudades suecas para protestar contra la entrada del partido de Aakesson en la Cámara. Tan solo en la capital, Estocolmo, se concentraron 10.000 personas con pancartas en las que se leía: «Ningún racista en el Riksdag (Parlamento)» o «Parad las expulsiones de solicitantes de asilo político».

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