Ellos queman más

El Mundo, SALVADOR SOSTRES, 11-09-2010

Para mayor escarnio del reverendo
Jones se intenta ahora establecer
la relación entre su intención
de quemar coranes y la
amenaza de nuevos atentados islamistas
en España, como si esta
amenaza fuera culpa suya y no
de los terroristas.
Sin ser necesario el anuncio de
ninguna quema, la Policía descubrió
hace unos días planes islamistas
para atacar con bombas
una playera estación de metro de
Barcelona, justo el día 24 de septiembre,
que es la fiesta de La
Mercè y muchos barceloneses
acuden aún al mar si la meteorología
es benigna.
La culpa del terrorismo es de
los terroristas. Se empiezan
buscando causas y se acaba justificando
a ETA en nombre del
derecho a la autodeterminación
de Euskadi. Lean más al maestro
Espada y déjense de tantas
tonterías.
Hay que recordar que, pese a
todo el lío organizado alrededor
del pastor Jones, lo único que de
momento ha ardido han sido algunas
banderas americanas en
Kabul. Y hay que recordar también
que, si bien el reverendo de
Florida puede cambiar de idea y
conmemorar el aniversario de
los atentados del 11-S de otra
manera menos calurosa, aquellos
atentados ya no pueden
deshacerse. Ni los de Londres.
Ni los de Atocha.
Que Jones reaccione de modo
hiperbólico ante la construcción
de una mezquita en la Zona Cero
es razonable, y hasta tierno.
Quemar libros, qué quieren que
les diga, no es mi deporte favorito,
ni siquiera después de haber
leído a Chomsky. Pero me
parece mucho más saludable
que lo que hacen los islamistas
con nosotros, que nos queman
vivos.
Es curioso el rechazo que produce
lo católico y el multiculturalismo
que genera los islámico; y
la cantidad de españoles que viven
todavía del recuerdo –o de la
fantasía– de haber sido manoseados
por un cura cuando fueron al
colegio.
Lo peor que dio el franquismo
fue el antifranquismo, hasta el
punto que muchos de los que
hoy ya han alcanzado los 50, se
quedaron tan descolocados tras
la muerte del dictador que siguen
siendo castristas cuando
ya no lo es ni Fidel, que siguen
cautivos de la retórica sindical
tan sutil y tan audaz como
muestran los últimos anuncios
de la UGT y que ni comprendieron
entonces la gravedad de la
amenaza comunista ni comprenden
ahora que el islam no es una
civilización, sino que sólo quiere
acabar con la nuestra.
Por consiguiente, no hace falta
ningún pastor Jones para que
crezca la amenaza islamista en
Barcelona o en Madrid, en Milán,
en Viena o en París. En las
propias mezquitas cuya construcción
defienden tantos socialdemócratas
políticamente
correctos se predica el odio al
mundo libre y la destrucción de
Occidente.
El buenismo es trágico y una
sociedad queda totalmente indefensa
cuando no es capaz de
identificar correctamente al
enemigo. No deseamos la confrontación
con el mal, ni se puede
decir que la provoquemos,
pero el mal existe y somos su
objetivo.
Aunque la quema de coranes
tiene algo de grotesco, la indignación
del reverendo Jones con
lo de la mezquita en la Zona Cero
es mi misma indignación, y
más allá de la consideración que
merezca la manera de expresar
este malestar, el día que ya nadie
se indigne ante la ofensa y el peligro
que el islam y el islamismo
suponen para la libertad, podemos
darnos absolutamente por
vencidos.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)