G. AGUIRREGOMEZCORTA / Gainesville

Gainesville contra su 'monstruo'

Protesta de los vecinos del pueblo donde oficia el polémico Jones

El Mundo, , 12-09-2010

Especial para EL MUNDO

Cansados de la popularidad de un pastor radical. Hartos de que los medios de comunicación hayan permitido que este personaje anónimo hace unos meses se haya visto reflejado en todas las portadas y aperturas de informativos del mundo. Gainesville no aguanta más y algunas organizaciones decidieron ayer alzar la voz contra Terry Jones y sus feligreses durante el 11-S.

A pesar de que la quema de ejemplares del Corán organizada para ayer no se llevara a cabo, tal y como comunicó el pastor a su llegada a Nueva York, las protestas contra Jones y su séquito movilizaron a cientos de personas desplazadas a las inmediaciones del recinto para «luchar contra el racismo y el anti-islamismo» que han demostrado los miembros de su comunidad.

Fernando Figueroa, portavoz de uno de los grupos que marcharon contra el pastor, comentó que la cancelación de la quema de coranes era «una victoria para el mundo en general y Gainesville en particular». Aún así no confiaba en que las pretensiones de Jones se esfumaran: «El pastor puede cumplir su palabra en cualquier momento».

Pero la palabra de Jones ya está en entredicho. Después de varios días en los que ha pasado de cambiar un discurso por otro en cuestión de minutos, a mandar a su hijo para que entretenga a los medios de comunicación, el peso de su discurso se ha ido diluyendo con el «sinsentido de una iniciativa que ya ha hecho mucho daño a la ciudad», como afirmó Figueroa.

La rutina diaria en las inmediaciones de la iglesia se vio alterada considerablemente este 11-S, cuando desde muy temprano todo el recinto quedo vallado, impidiendo la entrada a toda persona ajena al templo o que no trabajara para los medios de comunicación desplazados hasta allí.

La presencia de las fuerzas del orden se vio reforzada. Tres patrullas de la policía controlaban el acceso a la iglesia y en cada calle adyacente había un oficial vigilando. A diferencia de otros días, los vecinos no salieron de sus casas para ver el circo mediático que esperaba las reacciones de los feligreses tras la noticia de que no se iba a producir una quema organizada de libros sagrados.

Luke Jones, hijo del pastor, continuó con su estrategia de hablar sin decir nada, y los paseos de los miembros de la iglesia con sus armas en la cintura se sucedieron con una intensidad menor que la de otros días. Se notaba que el jefe estaba en Nueva York.

La vida en la ciudad durante el noveno aniversario de los atentados de las Torres Gemelas estuvo marcada por un evento deportivo que congregó a 87.000 personas. El equipo de la Universidad de Florida, los Gators, jugó en su terreno de juego durante la mañana. Cada vez que esto sucede, esta ciudad con un 80% de estudiantes se moviliza casi al completo. Ayer la expectación era máxima, ya que el escenario se convertía en un foco potencial de riesgo terrorista. La sensación general entre la gente que asistió al partido de los Gators no era de miedo. «Evidentemente se nos ha pasado por la cabeza, pero no voy a dejar de venir a ver a mi equipo porque exista la posibilidad de que suceda algo», sentenció un hombre a las puertas del Griffin Stadium.

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