NUEVE AÑOS DEL 11-S

La mezquita rompe la unanimidad del dolor

Los neoyorquinos conmemoran el aniversario del ataque con homenajes a las víctimas y manifestaciones

La Vanguardia, RANCESC PEIRÓN - Nueva York. Corresponsal , 12-09-2010

Nueva York vivió ayer una conmemoración muy diferente de los atentados del 11-S. En la unanimidad del dolor se ha abierto una brecha de división. El proyecto de construir un centro islámico cerca de la zona cero dio otro aire a una ceremonia que parecía languidecer. Al recuerdo emotivo se le sumaron ayer manifestaciones y actos en contra o a favor de la mezquita.

El ritual organizado en el Zuccotti Park, justo al lado del gran agujero, fue similar, por no decir idéntico, al de las nueve ocasiones previas, entre el recitado de los nombres de las 2.752 víctimas y los momentos de silencio, justo cuando impactaron los aviones y cayeron las Torres Gemelas.

Pese a que en las intervenciones oficiales – del vicepresidente Biden o del alcalde Bloomberg-no se hicieron alusiones al proyecto de la discordia, en el ambiente se palpaba la tensión. Los presentes coincidieron en culpar, precisamente, a los políticos.

Hubo los habituales abrazos y lágrimas. Centenares de personas acudieron para recordar a la madre, al marido o al amigo. “Siento el mismo dolor, como si no hubiera pasado el tiempo, como si fuera hoy”, dice Ray Costello, que perdió a Charles, su hermano. “Esto sólo se acabará el día que me metan en la caja de madera”, afirma Tony, que desde aquella negra mañana – aunque soleada, igual que ayer-no ha vuelto a ver a su hijo.

Uno y otro expresaron con tono ácido que esta no era la jornada para hablar del polémico plan, al que se le llamó Casa Córdoba antes de optar por el más neutro Park Place 51. “Esto es para rendir tributo a nuestros muertos, no para hacer política”, concluye Ray. Tras el himno de EE. UU., Alison Low se dirige a los periodistas exhibiendo una foto de una mujer de pelo castaño. Asegura estar harta de la discusión: “Hoy es un día consagrado a mi hermana y a los otros inocentes que murieron hace nueve años”. Llora por su hermana, azafata. Un hombre mayor se acerca y le abraza: “Sé como te sientes”. Él perdió a su esposa y una sobrina.

Ann acompaña a un niño de diez años. Sólo tenía uno cuando su padre, Salvatore, como él, falleció en el atentado. No le recuerda, aunque también reconoce que le cuesta entender la situación. Su tía sostiene que, tal vez por el origen italiano, creen mucho en los lazos de la familia. “Todos le arropamos”, añade. Del rostro de Ann desaparece la sonrisa al mentarle el debate en marcha. “Los políticos son terribles. Desearía que todo esto no existiera, entonces tal vez seríamos capaces de seguir y salir adelante de mejor manera. No han tenido sensibilidad, la cicatriz aún está fresca”. No lejos de ella, Joon Koo Kang, de 34 años y superviviente del piso 104 de la torre norte, alza una pancarta: “¿Una mezquita al lado de nuestra zona cero?Deberíamos parar esto”.

La solemnidad de la ceremonia y la sobriedad en el tono de los comentarios, contrasta con el aire casi circense que se respira en las calles adyacentes, cerca del lugar de la controversia, del Park Place 51. Contrarios y partidarios – los hay, aunque son mucho más discretos-calientan motores de cara a las manifestaciones convocadas para la tarde.

Un grupo de tipos cachazudos y rapados – en su camiseta lucen el anagrama EDL: English Defence League-jalea a un supuesto musulmán. Están lanzando diatribas contra el Corán (el mismo libro sagrado que el pastor Terry Jones amenazó con enviar a la hoguera) e incluso lo patean bajo el atento ojo de las cámaras. “No le hagáis caso, os miente”, les comenta una mujer. Dice que ha venido desde Maryland para gritar en contra de la mezquita. “Ya conquistaron Jerusalén y ahora quieren quedarse con América”, sostiene más que airada para deleite de unas turistas que se han encontrado con el espectáculo. Al show tampoco faltan los que cada año postulan la teoría de la conspiración y piden una investigación “seria” de lo que ocurrió.

El tramo de calle donde se ha de construir la mezquita está acordonado por la policía. Ahí, Kenneth sostiene que ir en contra del centro islámico es racismo. Apela a la libertad religiosa, uno de los cimientos de Estados Unidos. Otros, que parecen sacados de la era hippy, le increpan.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)