Nueve años del 11-S
Crispación y solemnidad
Barack Obama pide respeto al islam en pleno debate sobre la islamofobia
La Vanguardia, , 12-09-2010MARC BASSETS – Gainesville (Florida). Corresponsal
GAINESVILLE, EE. UU. EE. UU. no tiene nada que ver con el pastor, pero este ha ayudado a crispar la jornada
OPINIÓN A PIE DE IGLESIA “Yo nunca quemaría un Corán, pero estos tíos nos están matando, nos odian”
Charles Kovalik, veterano del ejército y motero de 58 años, durmió ayer encima de su Harley Davidson tras recorrer 250 kilómetros desde San Petersburgo, en el estado de Florida, a Gainesville, en el norte del estado. “Quería venir aquí y decirle a América: ´¡Despiértate!´”, dijo.
Melena, barba y pañuelo en la cabeza, una Biblia en la mano, Kovalik tenía la Harley aparcada frente a la puerta del Dove World Outreach Center, la iglesia del pastor Terry Jones, que ayer anunció que, en contra de sus planes iniciales, ni ayer ni nunca quemaría el Corán.
“Yo nunca quemaría un Corán”, proclamó el motero. Pero añadió que apoyaba el derecho de Jones a hacerlo. “Estos tíos nos están matando, nos odian”.
A medio kilómetro de la iglesia del pastor Jones, otro tipo de conmemoración recordaba los atentados del 11-S. Hace nueve años, un atentado suicida con aviones secuestrados por radicales islamistas mató a casi tres mil personas en Nueva York, Pensilvania y en la sede del Pentágono en Arlington, junto a Washington.
Ayer, a las diez de la mañana, una decena de personas rezaban o meditaban en silencio en la capilla de la iglesia metodista de la Trinidad. La noche anterior, esta megaiglesia congregó a centenares de cristianos, musulmanes, judíos, budistas en un acto por la paz y el diálogo entre religiones.
“La multitud de personas de distinta fe que vinieron demuestra lo que Gainesville es realmente. No es una ciudad que quiere mostrar odio. Sólo es una persona y sus creencias. Se ha sacado todo de quicio”, se quejó Alice Wallis, directora de música y arte en la megaiglesia.
Gainesville, ciudad universitaria de 115.000 habitantes, y Estados Unidos se parecen más, mucho más, a las celebraciones ecuménicas de la iglesia metodista de la Trinidad que al pastor Jones. Pero, en pocos días, Jones y el eco global que ha logrado han conseguido enturbiar el aniversario de los atentados del 2001.
EE. UU. conmemoró ayer el 11-S en un ambiente de politización y división insólita. No sólo por las amenazas del marginal pastor Jones, que desataron el temor a represalias contra estadounidenses en Afganistán, Iraq u otros países musulmanes.
El proyecto para construir un centro cultural islámico – con mezquita incluida-cerca de la zona cero de Manhattan llevaba semanas crispando los ánimos, yha abierto un debate sobre el lugar del islam en este país.
Aunque los musulmanes son aquí una minoría casi invisible, excepto en las grandes metrópolis, el islam es la religión que más recelos suscita, y algunos sondeos detectan un aumento de una islamofobia de la que Terry Jones sería la expresión más desenfrenada.
La solemnidad de las celebraciones oficiales ayer – en el Pentágono, en la zona cero, en la pradera de Pensilvania donde se estrelló uno de los aviones-contrastó con la crispación en la calle: protestas a favor y en contra de la mezquita en Nueva York, un mitin en Alaska de la ex gobernadora Sarah Palin y el gurú mediático Glenn Beck, y recelos entre los ciudadanos.
En el acto del Pentágono, un Obama desafiante advirtió a sus conciudadanos que los enemigos de EE. UU. buscan precisamente dividir al país y obligarle a renunciar a sus ideales de libertad y tolerancia. El debate gira también en torno a la identidad de EE. UU. ¿Es un país anglosajón? ¿Se funda en los valores judeocristianos? ¿Existen religiones o culturas incompatibles con las libertades consagradas en la Constitución? La tensión entre los Estados Unidos más abiertos y los más cerrados recorre la historia del país.
El presidente tenía ayer al pastor Jones en mente. “Del mismo modo que condenamos la intolerancia y el extremismo en el extranjero, seremos fieles a nuestras tradiciones de nación diversa y tolerante en casa”, dijo.
Y añadió, aludiendo de forma implícita al proyecto de mezquita junto a la zona cero: “Defendemos el derecho de todo americano a rezar como quiera”. Obama recordó que en el Pentágono, escenario como la zona cero de uno de los ataques, hay una sala de rezo para funcionarios y militares musulmanes, sin que esto haya provocado polémica.
“No estamos en guerra contra el islam, y nunca lo estaremos – dijo, retomando un argumento que George W. Bush utilizó-.Lo que aquel día de septiembre nos atacó no era una religión: fue Al Qaeda, una banda de desgraciados que pervierte la religión”.
Mientras, en Gainesville, el circo organizado en torno al pastor Jones se desmontaba. A las 8.55 de la mañana, casi la misma hora a la que hace nueve años un avión se estrelló contra una de las Torres Gemelas, un hombre armado con un destornillador empezó a retirar el cartel que rezaba: “Día internacional para la quema del Corán. 11 de septiembre. 6pm-9pm”.
Una veintena de periodistas y nueve unidades móviles seguían la operación. Terminaba así una semana insólita para Gainesville, que, con la contribución de periodistas, líderes políticos y radicales islámicos, se ha convertido en un foco de atención mundial.
Jones, tras suspender la quema del Corán, viajó a Nueva York para reunirse con el imán promotor del centro cultural junto a la zona cero. Antes había movilizado a la Casa Blanca y al Pentágono. El secretario de Defensa, Robert Gates, le llamó el jueves para disuadirle de unos planes.
“Retírense. Esto es propiedad privada. Llamaré a la policía”, dijo a los periodistas un miembro del Dove World Outreach Center, una iglesia situada en un barrio residencial en el norte de Gainesville. El hombre, que no dio su nombre, llevaba una pistola en el cinto. Cinco coches de policía patrullaban por los alrededores y apuntaban la matrícula de los vehículos que se acercaban al templo.
Calor pegajoso, mosquitos, libélulas: los equipos de televisión recogían los bártulos, y junto a la iglesia unos adolescentes cargaban un camión. ¿Se marcha Jones? El pastor es ya una celebridad mundial, y ha puesto en jaque a la política exterior de la primera potencia mundial. Pero algunos en Gainsville creen que el asunto se le ha escapado de las manos, le ha desbordado.
El show termina, y los medios estadounidenses se interrogan ya sobre su responsabilidad en la elevación a figura mundial del oscuro pastor, repudiado por sus vecinos. Ayer por la mañana, dos periodistas de televisión se despedían: “Hasta la próxima”.
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