fiesta del fin del ramadán

Alá es grande en La Casilla

El polideportivo bilbaino acoge la fiesta del fin del ramadán organizada por la comunidad islámica

Deia, José Basurto, 11-09-2010

Bilbao

KARIM se llamaba Ángel antes de abrazar el islam. Nació en Vigo hace cuarenta años, pero la vida laboral le llevó desde muy joven por el sur de España. Allí aprendió a convivir y a comprender mejor a los inmigrantes procedentes del Magreb, pero no tanto como para pensar en cambiar de religión. Hasta que conoció a Azira, una mujer nacida y criada en Argel. Se enamoró y se casó, dos sólidos argumentos para que Karim se hiciera musulmán. Eso sucedió hace siete años, los mismos que lleva viviendo en Barakaldo. Ahora él se dedica a la construcción y ella a las labores de casa, que no son pocas ya que tienen cuatro hijos. Ayer, Karim no desentonaba en La Casilla, donde la comunidad islámica organizó la fiesta del fin del ramadán. Vestido con chilaba, disfrutó como el que más de uno de los días más importantes del calendario mahometano. Un día en el que se escuchó más que nunca en Bilbao "Allah"u akbar" (Alá es grande).

A Karim lo único que se le hace un poco duro del ramadán es no poder fumar durante el día. “Lo demás lo llevo muy bien”, decía mientras recogía de una enorme montaña de zapatos sus deportivas tras el discurso del imán. “A mí no me costó nada hacerme musulmán porque, en el fondo, todas las religiones vienen a decir lo mismo”. Ayer rezó mirando a La Meca, como todos los asistentes al acto, y siguió atentamente las palabras del imán de la mezquita de la calle Fika de Bilbao, una de las más numerosas de Bizkaia. Unas palabras que contenían un mensaje “de paz y solidaridad”. “He insistido”, comentaba a DEIA el imán, “en que hay que portarse bien con todo el mundo, sea musulmán o no”.

Incluso en los tiempos que corren, cuando un pastor norteamericano adscrito a no se sabe qué iglesia, un tal Terry Jones, dice que va a quemar ejemplares del Corán. "Hoy no nos preocupa ese tema. Hoy es un día de fiesta para reír, descansar y lo único que queremos hacer es disfrutar con la familia y con los amigos. "Así se expresaba Moulay, coordinador de los actos organizados por la comunidad islámica. Nacido en Rabat, pero afincado en Bilbao desde hace 17 años, Moulay se negaba a comentar “las locuras de un loco”. De todas formas quería dejar claro que “nosotros también tenemos locos”. “Lo único que pido”, proseguía, “es que cuando un loco de los nuestros cometa una locura no se criminalice por ello a todos los musulmanes”.

Alcalde Moulay fue el encargado de atender al alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna. Le sirvió un té moruno y hablaron de lo bonito que es Marraquech, localidad que el primer edil bilbaino visitó cuando era consejero de Sanidad, según le contó a Moulay. El alcalde, por su parte, se sintió orgulloso de compartir unos minutos con la comunidad islámica. “Siempre me invitan y siempre procuro venir”, dijo Azkuna, mientras abandonaba el recinto deportivo, ayer transformado en un improvisada mezquita.

La fiesta en La Casilla no era más que el inicio de un día que debía continuar en los hogares musulmanes. “Ahora nos juntaremos en casa e iremos a casa de otros familiares para comer y conversar”, decía Mohamed, un joven de 29 años nacido en Casablanca. ¿Y es duro mantener las exigencias del ramadán? “Para nosotros”, contestaba Mohamed, “no supone ningún sacrificio. Desde pequeños estamos acostumbrados al ramadán”. Un periodo de tiempo, treinta días, en los que no pueden comer, beber ni mantener relaciones sexuales desde el alba hasta el ocaso.

Comida La forma de festejar el fin del ramadán depende de las costumbres culturales de los diferentes países musulmanes que hay en el mundo. A Said, un joven de 25 años marroquí, le esperaba, por ejemplo, “cuscús y buen cordero”. Said comentaba el menú que iba a degustar en casa con su familia mientras saboreaba una pastas con té. Said acudió a la cita para orar y “pedirle a Alá que me perdone de todos los pecados y me ayude a ser mejor”. Parecidas peticiones había hecho durante la oración Mohamed, un vizcaino de Cruces convertido al islam hace siete años. “Me siento muy feliz”, declaraba entre el bullicio de la fiesta donde Alá fue grande en La Casilla.

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