OPERACIÓN POLLO

La jueza de Lugo ultima el cierre de la investigación de la trama que esclavizó a cientos de magrebíes

La Voz de Galicia, Xosé Carreira, 11-09-2010

Las víctimas cobraban entre siete y diez euros por trabajar de siete de la tarde a ocho de la mañana

La operación Pollo, en la que hay casi cuarenta imputados, comenzó hace dos años

Las víctimas cobraban entre siete y diez euros por trabajar de siete de la tarde a ocho de la mañana

La toma de declaraciones a uno de los presuntos artífices de la trama y a varios testigos, entre ellos un policía de la sección de extranjería, prevista para mediados de la semana que viene, puede ser el último coletazo de la instrucción judicial relacionada con una trama que esclavizó a cientos de ciudadanos marroquíes en la provincia de Lugo. La operación Pollo, puesta en marcha por la jueza Estela San José, enfila su recta final después de dos años de investigaciones que se reflejan en más de una treintena de tomos y casi 20.000 folios. Los imputados se aproximan a cuarenta.

La jueza citó a declarar para la semana que viene a uno de los principales encausados, encarcelado en su momento y puesto en libertad meses después. Se trata de un empresario que era socio del que se considera el principal cabecilla de la trama, un marroquí. La explotación de los magrebíes comenzaba poco después de que estos abandonaran sus localidades de origen. Después de pagar diversas cantidades a la red, recibían la promesa de que su situación en España sería legalizada, y además, supuestamente obtendrían un puesto de trabajo.

La primera de las condiciones no se cumplía y la segunda consistía, en muchos casos, en recoger por las noches pollos en varias granjas y cargarlos en los camiones con destino a los mataderos. Por esta tarea cobraban salarios ridículos que no les permitían ni comer. De hecho, algunos de los hombres que llegaron a declarar ante la jueza presentaban claros síntomas de desnutrición.

La investigación, iniciada a finales del 2008, permitió la localización de un piso patera en la calle Armando Durán de Lugo. En un inmueble de poco más de 80 metros cuadrados y cuatro habitaciones vivieron hacinados hasta una treintena de magrebíes que prácticamente no tenían donde caerse muertos.

Pero no solo trabajaron en la recogida de pollos. Otros tuvieron «mejor suerte» y fueron empleados en granjas de vacuno o cuidando ovejas. Trabajaban en algunos casos por entre siete y diez euros al día, en turnos de hasta trece horas.

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