A DIESTRA Y SINIESTRA DAVID TORRES
Quemar el Corán
El Mundo, , 10-09-2010CUANDO leí que Terry Jones había anunciado que iba a quemar el Corán pensé que a los Monty Python con la edad se les estaba yendo un poco la olla. Luego resultó que era otro Terry Jones, no el director de La vida de Brian, sino un pastor evangelista de Florida con pinta de energúmeno y bigote prusiano. Quemar libros es un recurso retrógrado e inútil, una provocación pueril y una confesión de impotencia. Bajo su bigote pastoril, Jones se iguala a esos pobres botarates tercermundistas que se dedican a colgar espantapájaros y a pisotear banderas. O con Stephen Hawking, que para promocionar su último bodrio tiene que recurrir a una hipótesis aparcada hace decenios por los físicos serios.
El auto de fe de Jones, programado para mañana sábado, puede convertirse también en el happening más exitoso de la historia. Hay gente que se dedica a romperse la cabeza para ser famoso sin currar pero no todo el mundo posee el talento innato de los hermanos Matamoros. Sin embargo, el reverendo Jones ha logrado batir todos los récords de audiencia con su suicidio programado. Ha conseguido que hasta el Papa se interese por su caso mientras que, de momento, desconocemos la reacción del Vaticano acerca de la napia de Belén Esteban.
Como buen islamófobo, Jones comete la metonimia de confundir terrorismo e islam de un modo que jamás haría con la Biblia o con los Evangelios. A cualquiera que interpretara literalmente aquella famosa frase de Cristo («Yo no he venido a traer la paz sino la guerra») no se le daría más crédito que a un enfermo mental. No obstante, si consigues un grupo bastante nutrido de idólatras e ignorantes, los abasteces de armas y les das un objetivo, entonces pudiera parecer que la lectura metonímica, por mera fuerza bruta, se aproxima más a la realidad.
Falso de toda falsedad. El islam tiene tan poco que ver con los atentados del 11-S o el 11-M como el catolicismo con las bombas del IRA o de ETA. A nadie le parecería extraño que decidiera erigirse una catedral (no una herriko taberna) en memoria de las víctimas del Hipercor de Barcelona, a pesar de que los autores intelectuales de la matanza se amamantaron en diversas iglesias del País Vasco y de que, en numerosas ocasiones, varios obispos y arzobispos vascos han demostrado la simpatía cuando no el fervor que les inspiran ciertos matarifes etarras.
Por eso el proyecto de construir una mezquita (es decir, un lugar de oración y paz) en la zona cero de Manhattan, el mismo lugar donde el odio religioso mató a tantas personas, me parece tan acertado o tan errado como si proyectasen alzar una iglesia, una sinagoga o un templo budista. Como meter a Dios o a Alá en un libro de Física.
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