¿Y después qué?
El Universo, , 04-09-2010Aunque adolorido, aún en la comodidad del avión presidencial, atendido y custodiado, Freddy piensa y recuerda. Se ve a sí mismo a los nueve años trabajando en la agricultura, cosechando arvejas y maíz en Ger, su pueblo perdido en la Sierra. Se ve despidiendo a sus padres que se fueron en busca de recursos para su familia. Se ve asumiendo, a sus cortos años, la responsabilidad de sus cinco hermanos. Se ve también encontrando a la joven de la que se enamoró y recibiendo de ella la noticia de que será padre. La alegría se mezcló con la angustia, ¿cómo mantener y criar al hijo?
Las llamadas de los coyotes insistiendo en que pagara lo que según ellos aún adeudaban por el viaje de los padres, alimentaba la ansiedad.
Había que tomar una decisión y la tomó, se despidió de su mujer, de sus hermanos, recomendó al mayor de dieciséis años que cuidara a los demás y abandonó el pueblo donde solo alimentaba la desesperanza.
Se ve partiendo, dejando atrás la pobreza, soñando que su vida cambiaría, que podría volver y mantener a la familia, que quizás el hijo podría estudiar más allá del tercer grado de básica que era todo lo que él pudo avanzar en la escuela.
Y luego la travesía, lenta,Hay muchos que quedan en el camino expulsados por su país de origen por la pobreza e indeseados en el país de llegada. peligrosa, con setenta y un desconocidos a los que lo unía la esperanza. Maltratados, hambrientos pero incansables, decididos.
Habían avanzado mucho, estaban cerca de la frontera con el país soñado, cuando el proyecto se truncó. Aparecieron delincuentes armados. Los detuvieron, quisieron extorsionarlos, primero, y reclutarlos después. Como se negaron fueron ejecutados. Uno a uno cayeron. Él también. Pensaron que había muerto como todos, pero solo estaba herido.
Freddy recuerda cómo caminó veinte kilómetros hasta llegar a una caseta de la Armada mexicana, donde fue atendido y llevado a un hospital, luego de contar su tragedia.
Ahora está en el avión presidencial, custodiado, cuidado, protegido. Lo han repatriado, aunque él no sabe bien lo que es eso, solo quiere saber cómo están su mujer, el embarazo, sus hermanos y su abuela. Él es el hombre de dieciocho años que debe responder por todos ellos.
El avión va a aterrizar, a Freddy lo reciben autoridades. Él no sabe que en su pueblo, en Ger, ahora hay policías, delegados de la Fiscalía y periodistas. No sabe que su sacrificio lo volvió visible a él, a su gente, a su pueblo.
Siempre estuvieron allí y no los vimos. Ahora lo ha visto el mundo entero, a él, a sus paisanos, a su comarca, pero él no es consciente del peligro que corre por eso, aunque a veces, el miedo se le filtra por la espalda.
Son ecuatorianos, allí han estado desde siempre pero no los vimos, hasta que sobrevino la tragedia. Él es solo uno, de los que sobreviven, hay muchos que quedan en el camino expulsados por su país de origen por la pobreza e indeseados en el país de llegada, como si el mundo no les perteneciera y ellos no pertenecieran al mundo.
Mientras Freddy se pregunta ¿y después qué?, el país debe plantearse la misma interrogante ¿y después de esta tragedia qué?
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