FCO. MURO DE ISCAR
DERECHOS HUMANOS
Diario de Navarra, , 03-09-2010N O ha sido un buen verano para los derechos humanos en el mundo y no parece que el otoño vaya a ser mejor. No progresamos adecuadamente en una asignatura esencial para una sociedad democrática que sólo esporádicamente muestra su compromiso con los derechos humanos y con quienes padecen su violación permanente. No es un mundo justo ni solidario el que permite hechos como los que están sucediendo en Irán o en Marruecos, pero también en Francia. Son demasiados los casos recientes.
En Irán, Sakineh Asthiani sigue encarcelada y, aunque no sea lapidada puede ser ejecutada en cualquier momento por haber cometido un supuesto adulterio. A Sakineh la han obligado a denunciar a su abogado y éste ha tenido que huir de Irán. La prensa iraní ha calificado de “puta” a Carla Bruni por defenderla. Y el mundo guarda silencio. En China, el presidente Zapatero ha ido a hacer negocios, lo que está bien, y no ha pronunciado una sola palabra sobre la violación de los derechos humanos en ese país. Y el mundo guarda silencio. En Venezuela ha muerto un opositor a Chávez, que también ha lanzado ya las cartillas de racionamiento, y los medios de comunicación están amordazados. Y el mundo guarda silencio. En Cuba, Leire Pajín y Elena Valenciano han dado un espaldarazo a la dictadura y aunque se han entrevistado con el cardenal de La Habana, no han tenido tiempo de reunirse con la perseguida oposición.
El Gobierno español ha preferido creer al Gobierno de Marruecos que a los ciudadanos españoles que fueron a El Aaiún a protestar por la política marroquí contra los saharauis. Y en Francia, el Gobierno de Sarkozy ha emprendido la persecución y expulsión de territorio francés de la etnia romaní o gitana. Ni la condena del Consejo de Europa o del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU, de la Iglesia católica y de las ONG ha servido para que Francia renuncie a esa expulsión que viola el Derecho de la Unión Europea en materia de libre circulación y que discrimina a unos ciudadanos por su raza. Francia ha inaugurado un camino enormemente injusto y peligroso. Y Europa y el mundo guardan silencio.
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