Gitanos y turistas
El Correo, , 02-09-2010Ya no se distingue ni el polvo de sus carretas en el horizonte, ni se escucha el canto de sus violines, ni queda el revuelo de sus faldas largas y floreadas; claro que esta vez, siguiendo la máxima revolucionaria de la fraternidad, los franceses han expulsado a los gitanos de su territorio en avión y con unos euros para los primeros bocadillos. Los gitanos llevan sufriendo persecución desde la noche de la historia sin que nunca hayan recibido indemnización alguna, ni de los nazis, ni de Berlusconi, ni de Sarcozy. Ni, claro, de los Reyes Católicos. Molestan. Están bien para piropear a una mujer, ‘gitana mía’ y tal; fantásticos para folclore, música de Bregovic y cigarreras raciales, pero, en cuanto se instalan, con intención de permanencia, cerca de nuestras casas, a todo gobierno le sale una reina católica en las entretelas, y firma sin que le tiemble el pulso decreto de expulsión inminente.
Murieron en los campos de concentración nazi, en las galeras españolas, en las minas de Almadén. Les cortaron orejas y narices, azotaron sus carnes; incluso la Iglesia permitió que fueran perseguidos ‘hasta en sagrado’. Condenados a las chabolas y los barrizales, parecen anunciar alguna peste capaz de contaminar nuestra crisis. Se les expulsa a golpe de decretazo, con distintivo en la solapa, subidos a vagones como ganado, custodiados por la policía hasta la siguiente frontera. O, finamente, en avión. Es que Francia siempre tuvo un don especial para interpretar aquellos principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad a su pura conveniencia y sólo en suelo patrio, que África era otra cosa y los gitanos también. Los expulsan reyes, reyezuelos, dictadores, presidentes títeres, presidentes bajitos
En estos tiempos de reivindicaciones nacionalistas, idiomas minoritarios y señas de identidad, permitimos que los gitanos continúen en ese limbo casi apátrida, los obligamos a renunciar a su antiquísimo idioma, a sus costumbres, a su identidad. Debe de ser que no todos los nacionalismos son idénticos. Ni, por supuesto, ciudadanos de primera.
Digo yo, ahora que los burgueses de medio pelo se pirran por vacaciones diferentes y necesitan subidones de adrenalina buscando la más real apariencia de peligro; ahora que hasta las agencias se plantean destinos arriesgados para quienes desean presumir de hacer viajes no organizados y están hartos de visitar sobre seguro territorios seguros; digo que podíamos montar parques temáticos con los gitanos. Algo así como las reservas indias en Norteamérica, vaya: les cedemos algún secarral, ponemos claros muros fronterizos. Y cobramos entrada a los burgueses necesitados de ‘nuevas experiencias’. De paso, nombramos madrina de las ‘Reservas Gitanas’ a Carla Bruni, colocamos de anfitrión a Berlusconi y enviamos a la duquesa de Alba a montar un rastrillo hasta poner de moda sus ropajes.
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