MANUEL PULIDO QUECEDO

La expulsión de los gitanos rumanos

Diario de Navarra, MANUEL PULIDO QUECEDO ES DOCTOR EN DERECHO CONSTITUCIONAL, 31-08-2010

L A etnia gitana es la mayor minoría étnica de la Unión Europea. Su denominación de gitanos obedece a su pretendido origen egipcio, luego abandonada, pues como se sabe proceden de la India, aunque sus rasgos culturales en Europa varíen de un país a otro.

Como toda minoría, sus miembros se consideran preteridos o discriminados, aunque su situación no sea igual de un país a otro. Los gitanos españoles, con su problemas, no se encuentran en la misma situación que los gitanos rumanos o búlgaros, abandonados a su suerte por sus respectivo países, pese a estar en la Unión Europea y recibir fondos de ayuda europeos.

En ese contexto, la orden de expulsión del presidente francés Sarkozy de los romanies extranjeros, en especial rumanos y búlgaros, en número ya de ocho mil, ha conmovido a la opinión pública internacional, más que a la opinión publica francesa, que aunque dividida apoya en torno al 50 por ciento de la población la expulsión, según las encuestas realizadas.

La medida de expulsión, que permite fáciles y seguramente incorrectas comparaciones con la expulsión de los moriscos o de los judíos en los Siglos XV y XVI en España, aunque Francia fuera pionera de la expulsión de los judíos un siglo antes que los Reyes Católicos, como recuerda el historiador Joseph Pérez (en su obra La Leyenda negra, Gadir, 2009), plantea pese a su controversia el problema de la ausencia de una política común europea, en materia de extranjería. Qué duda cabe que la decisión adoptada por el presidente Sarkozy tiene una lectura interna, muy bien aprovechada ya por el oportunista ex primer ministro Laurent Fabius y seguida por la ex candidata presidencial, Ségolène Royal sobre un basta ya, para terminar con la que se dice política gesticulante del pequeño napoleón francés.

Sin embargo, desde un punto de vista internacional, la lectura es muy negativa para Francia, – se dice ya en pasado, la antigua patria de los Derechos Humanos – , pues le llueven las críticas tanto de Naciones Unidas (Comité para la eliminación racial) como del Vaticano, aunque quizás las expresiones del secretario del Consejo Pontificio para los Emigrantes, el arzobispo Agostino Marchetto sobre un nuevo holocausto, parezcan excesivas, puesto que salir de Francia en avión y con 300 ? por persona más otro 100 ? por cada hijo, harán las delicias de más de un espabilat, que en todas partes existen, máxime entre estos expulsados rumanos, por razones obvias de necesidad y supervivencia.

Con todo, como tendencia no puede aceptarse que en Europa un Estado miembro de la Unión, aunque sea tan poderoso como Francia, adopte unilateralmente medidas de este jaez, que remueven lo peor de los sentimientos humanos contra gentes abandonadas a su suerte por la desidia y sinvergonzonería de los dirigentes de sus respectivos países de procedencia.

Se impone, por ello, una rectificación de esta política de expulsiones ya practicada por Berlusconi en Italia. En primer lugar, por razones humanitarias y sobre todo por razones de egoísmo nacional, pues donde una puerta se cierra, otra se abre. Dicho en román paladino, porque si una frontera se cierra dada la situación de sus países de procedencia, buscarán fronteras más flexibles y políticas de acogida mas relajadas.

Debería, por ello, impulsarse sin dilación por la presidencia Europa de turno, Bélgica, en coordinación con el discretísimo Van Rompuy – se supone sensible en estos temas dada su condición de democristiano – , una revisión y definición de la política de emigración común que incluya además el estudio derivado de las minorías étnicas para que sucesos tan desgraciados como el comentado no vuelvan a repetirse en el seno de la Unión Europa. Pues debe recordarse, que tras el Tratado de Lisboa, la UE es parte en cuanto tal, del Convenio Europeo de Derechos humanos, sin dejar de mencionar la Carta europea de Derechos humanos. ¡Europa y su retórica, a veces, de los derechos humanos!

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