Las peleas callejeras convierten la zona más degradada del Cabanyal en un polvorín

Las Provincias, LOLA SORIANO | VALENCIA., 26-08-2010

Las vacaciones son tiempo para descansar, olvidar los problemas y relajarse, pero no todos pueden hacerlo con facilidad. Los vecinos que viven en el entorno más próximo a las calles afectadas por el plan del Cabanyal denuncian que la inseguridad se ha adueñado de las calles y las peleas entre las personas marginales instaladas en el barrio y las nuevas que han ocupado más casas abandonadas durante julio y agosto son constantes. «Llevamos dos semanas con los nervios de punta. Ya ha habido tres peleas. Van pegándose por la calle con palos y a puñetazo limpio», indica Julio G., uno de los residentes que exige que se tomen de inmediato medidas preventivas.

Los dos últimos casos se han producido esta misma semana. El lunes, sobre las 22.15 horas, Manolita A., vecina del Cabanyal, se encontraba paseando a su perro por las inmediaciones de la avenida Blasco Ibáñez con la calle Luis Despuig y San Pedro. «No sé ni cómo comenzó, ni por qué se liaron a golpes, pero la cuestión es que en un momento aparecieron unas cuarenta personas. No sé si eran rumanos o gitanos, pero la verdad es que estaba tan nerviosa, que no puedo concretar más detalles. La cuestión es que se pegaban puñetazos e incluso se daban con los mismos palos alargados que algunos utilizan para seleccionar la ropa y las cosas en la basura», indica todavía alterada esta vecina del Cabanyal.

«Era dantesco ver cómo iban corriendo unos detrás de otros y venga a darse palizas por la calle San Pedro. Pienso que era entre las mismas familias de rumanos que estaban discutiendo y se enzarzaron en la pelea. Llamé a la policía, me preguntaron cuántas personas habría implicadas, dije que sobre cuarenta, y al ratito aparecieron varias patrullas de Policía Nacional», según relata el joven Raúl G.

Si esto se produjo el pasado lunes, al día siguiente, sobre las 19 horas del martes 24, en la calle Barraca, a la altura de la calle Columbretes, se registró otra situación violenta. Un perro considerado de raza peligrosa agredió a un perro cachorro en dicha calle y le causó la muerte. «Los dueños del perrito, que era una familia gitana de la zona, se presentaron en la casa donde pasaba unos días el dueño del perro peligroso y no se armó una gorda porque de inmediato se presentaron varios efectivos policiales, unos motorizados, otros en furgoneta», explica un vecino de la calle Barraca que prefiere no identificarse para evita conflictos.

Más altercados

También por la tarde dos chicas jóvenes de etnia gitana iniciaron una pelea en la calle Luis Despuig con Blasco Ibáñez. «De los empujones pasaron a los golpes, se estiraron del pelo y se pegaron hasta que se cansaron. No podemos convivir en el barrio con este panorama a diario. Esto no hay quien lo soporte. No vamos ni a poder salir a la calle», añade Manolita A., también testigo de este incidente.

La semana pasada también se presentó agitada. El viernes 20, a la altura de la calle San Pedro número 100, ya se registró una reyerta. Según fuentes municipales, se produjo un enfrentamiento entre gitanos y rumanos. Se vieron involucradas unas cincuenta personas. Según estas mismas fuentes, hubo presencia de Policía Local y, «además, se dio aviso a la Policía Nacional», aunque desde este cuerpo de seguridad apuntan que no tienen constancia de denuncias, ni de heridos.

Según detallan algunas vecinas de la zona más degradada del Cabanyal hace dos semanas que comenzaron estos serios problemas. «Unos rumanos comenzaron a pegar a un chico gitanito y, claro, luego la familia del chaval se presentó en las casas que ocupan los agresores y se presentaron los dos cuerpos de policía. Desgraciadamente se están pegando a toda hora. Los vecinos del Cabanyal de toda la vida estamos sufriendo mucho con esta situación. Alguien tendrá que tomar cartas en el asunto y poner orden», argumenta Sefa Blat.

Algunos residentes de esta zona afectada por la prolongación de Blasco Ibáñez apuntan que durante el verano se ha relajado la vigilancia. «Pasa alguna patrulla, pero como hace meses atrás, no. No sabemos si es que a muchos los han destinado a servicios de playas», comenta Teresa. «Hace unos meses hubo redadas por tema de droga, pero ha llegado más gente marginal al barrio y siguen vendiendo», añade Rosendo Vilches.

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