Genocidios y genocidas

Público, ÓSCAR CELADOR Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas, 25-08-2010

El Museo del Holocausto localizado en Washington es una institución que honra la memoria de los aproximadamente seis millones de judíos que fueron perseguidos y asesinados por el Gobierno nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y pretende evitar la comisión de otros genocidios. En este contexto, el museo ha denunciado pública y duramente la decisión del Banco Nacional de Rumania de incluir la imagen de Miron Cristea en una colección de monedas dedicadas a los líderes históricos de la Iglesia ortodoxa, ya que, en su opinión, el señor Cristea fue el iniciador de las políticas antisemitas que posteriormente permitieron el exterminio de miles de judíos durante el nazismo.
El Museo del Holocausto, al igual que otras muchas instituciones, intenta mantener el recuerdo de las atrocidades que cometieron los genocidas nazis para evitar que en el futuro puedan volver a repetirse y, en este sentido, es encomiable su labor en defensa de la dignidad y de los derechos humanos. Sin embargo, es muy llamativo el hecho de que una institución de esta naturaleza, que ha contado tradicionalmente con el respaldo incondicional del Gobierno estadounidense, no tenga un hermano gemelo que honre la memoria de los millones de indios que fueron perseguidos, confinados en reservas, privados de su dignidad y asesinados durante las guerras indias.
La historia la escribe el vencedor y no el vencido, tal y como lo demuestra la ausencia de instituciones o de museos que expliquen desde la perspectiva indígena cómo se produjo la famosa conquista del Oeste, qué les ocurrió a aquellos indios que no quisieron vender sus tierras a los colonos o a Estados Unidos, o los motivos por los cuales los millones de indígenas que habitaban los actuales Estados Unidos cuando llegó el hombre blanco se redujeron a apenas 250.000 individuos a finales del siglo XIX.
A diferencia de lo que los nazis pretendieron hacer con los judíos, el objetivo de las políticas expansionistas estadounidenses no fue exterminar sistemática y completamente a los indios, de ahí que no pueda hablarse de genocidio indio. Ahora bien, mientras que los judíos tienen el poder y la capacidad necesaria para que la humanidad nunca olvide su holocausto y para denunciar aquellas políticas que pretenden glorificar a quienes puedan no merecer dicho honor, los indios todavía están intentando entrar en la historia estadounidense con la debida dignidad.

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