Rubalcaba zanja el caso Melilla con Mohamed VI
España y Marruecos refuerzan las medidas de cooperación policial
La Vanguardia, , 24-08-2010SERGIO HEREDIA – Madrid
En un inesperado golpe de efecto, Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, logró ayer que el rey Mohamed VI de Marruecos le concediera audiencia en el Palacio Real de Casablanca y zanjó el conflicto de Melilla: “Han sido incidentes ya superados. Cosa del pasado”, dijo. Su visita a Casablanca fue un movimiento sorprendente, muy eficaz en estos días, cuando España y el norte de Áfricasaldan asuntos pendientes. “Marruecos es nuestro vecino, socio y aliado – añadió el ministro-:Y con él, compartimos riesgos y necesidades, como la inmigración. El tratamiento de la inmigración, legal o ilegal, es cosa de dos. Por eso, vamos a reforzar la cooperación policial entre nuestros países”.
Cerrar las negociaciones para la audiencia con el rey marroquí no ha sido sencillo, admiten fuentes ministeriales a este diario. El asunto había generado un juego de programaciones y contraprogramaciones, hasta desembocar en una rueda de prensa que debía haberse celebrado ayer por la mañana en Rabat, tras la reunión entre Rubalcaba y su homólogo marroquí, Taieb Cherkaui, y que había sido misteriosamente pospuesta hasta la tarde: a mediodía, y en secreto, ambos ministros, y también el embajador español en Marruecos, Luis Planas, recorrían en coche los 90 kilómetros que separan Rabat de Casablanca para verse con Mohamed VI.
“El rey me ha entregado dos mensajes – dijo Rubalcaba-:el primero es un mensaje de amistad para el rey Juan Carlos. El otro es un mensaje para todos los ciudadanos españoles, algo que expresa la voluntad de reforzar la cooperación policial entre ambos países”. Las conclusiones proponen que ambos ministros celebren reuniones anuales – y sus altos mandos policiales se citarán de forma semestral-,y que se abran dos comisarías conjuntas, una en Algeciras y la segunda en Tánger. “Ya compartimos este tipo de comisarías con Francia”.
Todas las partes interpretan que la visita de Rubalcaba cierra el conflicto de Melilla. Aunque se esperan más reuniones – el ministro Moratinos se ha citado para septiembre con su homólogo marroquí, Taib Fasi Fihri; tampoco se descarta un nuevo contacto entre el rey Juan Carlos y el rey Mohamed VI-,el ambiente se ha aquietado en Beni Enzar, la frontera de Melilla. No cuelgan carteles vejatorios de las vallas fronterizas, por cuyas puertas vuelven a circular los porteadores locales, ofreciendo el hombro para cargar mercancías ajenas hasta el barrio chino. Ya no hay airados manifestantes anunciando cercos a la fruta, la verduras o el pescado. Y los melillenses respiran aliviados: ha vuelto la normaliad a sus mercados, tan dependientes del producto marroquí.
“Me parece bien que se dialogue con Marruecos. Celebro que todo esto sea agua pasada”, dijo Juan José Imbroda, presidente de Melilla (PP). “Pero entre ambos países debería haber reciprocidad. Si yo soy tu amigo y hay lealtad, no te doy una puñalada por la espalda”.
La catarata de desencuentros comenzó en julio. En apenas un mes, Marruecos emitió cinco comunicados, denunciando supuestos maltratos y actuaciones racistas en las fronteras: según esos mensajes, policías españoles golpeaban e insultaban a ciudadanos marroquíes en el acceso a Melilla. La sucesión de comunicados haría hervir la zona, muy caliente en estas fechas, con las masificaciones estivales: en el paso se amontonan los marroquíes, de vuelta a casa por vacaciones.
De forma caótica, aparecieron grupos de boicoteadores, liderados por diversas asociaciones, como el Bloque para la Liberación de Ceuta y Melilla y otros comerciantes de Nador, anunciando cercos – en dos ocasiones se cortó el paso a Melilla a camiones de frutas, verduras ypescado-y colgando carteles, fotomontajes contra las mujeres policía que trabajan en el paso fronterizo.
La acumulación de acciones, y la escalada mediática, pusieron en un brete al Gobierno español, que pretendía resolver el asunto por la vía diplomática. Mientras el rey Juan Carlos llamaba al rey Mohamed VI para apaciguar los ánimos, la oposición explotaba el silencio del Ejecutivo: Esteban González Pons y José María Aznar se pasearon por Melilla, en sendas acciones que sacaron de quicio a la Administración de Zapatero. El Gobierno necesitaba un golpe de mano para imponer su autoridad en el caso.
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