El símbolo del odio
El Mundo, , 23-08-2010La libertad es el gran don de la humanidad, pero los peligros en que nos adentramos cuando la invocamos en vano son también los más siniestros. En las últimas semanas hemos visto cómo los islamistas de Lérida defendían el derecho de sus mujeres a llevar el burka en nombre de la libertad de expresión. ¿Se puede usar el concepto de la libertad de un modo más perverso y con unos fines más opuestos a los que realmente representa? El presidente Obama ha defendido que se construya una mezquita en la Zona Cero en nombre de la libertad religiosa y del derecho que tienen los musulmanes a practicar su religión.
La libertad de culto es un derecho fundamental, pero el odio en que se basaron los atentados de las Torres Gemelas, de los autobuses de Londres y de los trenes de Madrid fue predicado en mezquitas. También cada cual tiene derecho a ser del club de fútbol que prefiera, pero después de la tragedia de Heysel, a los equipos ingleses se les prohibió competir en Europa hasta que tomaron medidas para erradicar el hooliganismo; tarea en la que, por cierto, y una vez más, se empleó a fondo la entonces primera ministra Margaret Thatcher.
Se dice del islam lo mismo que del comunismo: que la idea es buena y que lo desastroso es la interpretación que se hace. Son matices imperceptibles al lado del abrumador recuento de cadáveres. Una mezquita es el símbolo del peor enemigo que tiene el mundo libre. La amenaza islamista es mucho más peligrosa que el comunismo en los años de la Guerra Fría. Construir una mezquita en la Zona Cero es un homenaje a los verdugos y un inaudito escarnio a sus víctimas.
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