Los activistas planean «sorpresas» ante la visita del ministro español

Avanzan que rodearán la comisaría de Melilla de «musulmanes»

El Mundo, E. CALVO / P. SÁNCHEZ / Rabat / Melilla , 15-08-2010

Especial para EL MUNDO / Corresponsal

«Los ministros están muy arriba; lo que tendrían que hacer es descender un poco y darse una vuelta por la frontera con Melilla». Habla un enfadado Said Chramti, líder de la organización marroquí Gran Rif de Derechos Humanos, una de las que organizó este jueves el bloqueo a Melilla de pescado, frutas y hortalizas para pedir un «trato digno» a sus compatriotas por parte de la Policía española que vigila el paso fronterizo.

A Chramti le parece «positivo» que los dos ministros de Interior de España y Marruecos se vayan a reunir el 23 de agosto para limar asperezas después de los cuatro comunicados remitidos por el reino alauí denunciado las presuntas agresiones en la frontera. Y aunque espera que ese encuentro sea fructífero, asegura que sus acciones en el paso fronterizo van a continuar hasta que «veamos que realmente cambia la actitud de la Policía».

Todavía no puede asegurar absolutamente, por lo que respecta a su asociación (que cuenta con 13 miembros y más de 1.000 afiliados), que vayan a continuar con los bloqueos. Eso sí, promete sorpresas, aunque no quiere revelarlas. Se arranca con una pregunta: «¿Has visto alguna vez la Comisaría de Melilla rodeada de musulmanes?». Y se responde: «Pues la vas a ver».

Una amenaza con la que anuncian una nueva estrategia «desde el interior de Melilla». Asegura que su único objetivo es que «mejore la convivencia» entre ambas poblaciones y que «haya respeto mutuo». En cuanto a la soberanía de Ceuta y Melilla es claro: «La soberanía es cosa de reyes y yo no soy rey».

«Las agresiones continúan porque no hay voluntad política por parte del comisario jefe de la Policía de cambiar las cosas», considera Chaouki Mounaim, otro de los organizadores de las protestas. Y pide que cuando se reúnan Marruecos y España para resolver la crisis, «nos tengan en cuenta a nosotros y nos convoquen como sociedad civil para poder expresar nuestras reivindicaciones». Denuncian que los policías españoles «nos rompen los pasaportes, se niegan a sellarlos, nos impiden la entrada sin motivo y nos agreden física y verbalmente».

Los activistas marroquíes no bajan la guardia ni en Ramadán. La dureza del ayuno no puede con Mounaim y Chramti, los cabecillas de las asociaciones marroquíes que suelen dar guerra en el paso de Beni-Enzar.

Los 200 metros de tierra de nadie se han convertido en la oficina de la Coordinadora de la Sociedad Civil del Norte de Marruecos. Este organismo, que preside Mounaim desde hace seis años, aglutina a 154 asociaciones y seis partidos políticos. Es, además, el responsable de las relaciones externas de la Coordinadora Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla, una asociación que, como su nombre dice, tiene como razón de ser la reclamación de las dos ciudades españolas.

Es evidente, por lo tanto, que Mounaim maneja los hilos del asociacionismo civil del norte de Marruecos. En Nador se encarga también de dirigir la Secretaría General del Sindicato Nacional de la Prensa.

La provocación a las autoridades españolas es la base de actuación de los activistas. Sus líderes, Mounaim y Chramti, son viejos conocidos en Melilla. El primero acumula un largo historial al que no falta ni su paso por las cárceles marroquíes, según aseguran quienes lo conocen. Le gusta alardear de la «falsa nacionalidad española» que tuvo hace años. Falsa, porque el DNI del que habla no figura en los ficheros de la Policía Nacional, donde sí están los numerosos intentos que ha protagonizado para obtener la nacionalidad española; país al que, sin embargo, abomina en sus declaraciones y actuaciones públicas al frente de su asociación.

Cuando Mounaim no está en la frontera, se le puede encontrar manifestándose frente al Consulado Español de Nador, edificio en el que hace años intentó ejercer de intermediario para hacer negocio, recuerdan algunos de su entorno. Ahora tiene al Consulado entre ceja y ceja, hasta el punto de que participa en todas las concentraciones que se celebran a sus puertas.

A Said Chramti también lo conocen bien desde Melilla, donde tiene prohibido pasar a la ciudad autónoma al ser condenado por la Justicia por pegar en 2008 a una delegación de mandos policiales españoles que habían pasado la frontera para mantener una reunión de coordinación con sus homólogos marroquíes. Antes de eso, Chramti ya llevaba todo el verano cortando el tráfico en la frontera para protestar por los requisitos burocráticos exigidos a los marroquíes al pasar a Melilla.

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