La Defensora nos quiere con locura

La Vanguardia, , 20-08-2010

Francesc-Marc Álvaro

Llenita de amor, la Defensora es solidaria con el inmigrante que estudia ‘els pronoms febles’
Hay frases que invitan a pegar rápidamente el trasero a la pared. La Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava de Llano, afirma lo siguiente: “Quiero a Catalunya con locura”. Ante tal proclama de amor encendido, poco puede decirse, salvo aclamar a esta buena mujer, militante del PP por más señas, que ha tenido el bonito detalle de recurrir ante el Constitucional la ley catalana de Acogida de Inmigrantes. Lo ha hecho por coherencia – explica-con la sentencia sobre el Estatut, en concreto en lo que se refiere al uso de las lenguas.

La señora Cava, que tanto nos quiere, considera que el catalán no debe ser la lengua primera de integración del inmigrante en Catalunya y mantiene que los extranjeros “se integran perfectamente con la lengua castellana, por lo que no es necesario que hablen el catalán”. Ya lo decía mi abuela: quien bien te quiere te hará llorar. Y lloramos porque esta ejemplar, neutral y ecuánime Defensora del honrado pueblo español dice una verdad como un templo. Lo primero que descubre alguien que llega a Catalunya para trabajar (incluidos los jugadores del Barça) es que puede pasarse el idioma catalán por la entrepierna sin problema. La razón es sencilla: la inmensa mayoría de los catalanohablantes hacemos automática dejación de la lengua de la madre que nos parió y nos pasamos al castellano a la mínima, no vayan a tomarnos por descorteses, aldeanos o separatistas irredentos.

La Defensora, que de tanto querernos le duele hasta el alma, no hace más que levantar acta de la habitual actitud suicida del catalanohablante para con su idioma, fenómeno impensable, por ejemplo, en Flandes o Quebec. Aquí, con el tiempo y una caña, lograremos la desaparición de la lengua del poeta Ausiàs March y de la emisora radiofónica RAC1, hermana de este diario.

Miren si es colosal el abandono del catalán por parte de los catalanohablantes que cualquier camarero llegado de otras latitudes se ve capaz de enviar a la mierda al cliente que osa pedir cualquier cosa – pongamos un tallat-en la lengua de Salvador Espriu, el que tanto ensalzó “los puentes de diálogo”. Esto ocurre a diario. El camarero foráneo se da cuenta, en dos días, de quién es el fuerte y el débil. El catalanohablante es una minoría cultural menospreciada en su propio país. Es lo que ocurre cuando no te respetas a ti mismo. TV3 y la inmersión escolar, como éxitos de la política, no pueden ocultar la realidad precaria del catalán en la calle. Llenita de amor, la Defensora es solidaria con el inmigrante que estudia els pronoms febles,tan difíciles. Aunque yo, que soy malpensado, apostaría doble contra sencillo que la señora Cava piensa más en sus amigos jueces y fiscales que, enviados en misión a Catalunya, podrían ver lesionados sus derechos humanos al tener que entender un poquito la rara jerga de los indígenas.

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