Tanques y 'pasadores', todo normal en Melilla

El Correo, MELCHOR SÁIZ-PARDO, 20-08-2010

La ciudad de Melilla recuperó ayer la normalidad tras el fin del bloqueo marroquí. Una normalidad en la que no es extraño ver a una columna de carros de combate del Ejército de Tierra circulando por el centro urbano, de vuelta de unas maniobras por el perímetro fronterizo. Melilla regresó a la rutina en la que es habitual contemplar cómo centenares de conductores contrabandistas retiran parte del motor de sus vehículos a la vista de todo el mundo para cargar el espacio con botes de zumos o sacos de azúcar a las puertas del paso fronterizo de Beni – Enzar.

Las aguas volvieron a su cauce tras el acuerdo entre los comerciantes melillenses y los activistas marroquíes, y cerca de 3.000 ‘pasadores’ a la hora volvieron a atravesar los cuatro pasos fronterizos cargados de mercancías, «un ritmo habitual en un día previo a un viernes de Ramadán», según explicaron mandos de la Policía Nacional. También los tres millares de empleadas domésticas marroquíes que cada día pasan a Melilla para trabajar acudieron a su cita con las colas, los tornos y las jaulas que dan acceso al enclave. Nadie las molestó.

Por la frontera, en la que desde el miércoles ya no están las pancartas que acusaban a la Policía española de «racista» y de malos tratos a ciudadanos del país vecino, entraron desde las 7.30 y hasta las 10.30 horas una treintena de camiones y furgonetas cargados de verduras, frutas, pescados y material de construcción. Los mismos vehículos a los que los piquetes de la Coordinadora Civil en el Norte de Marruecos y del Comité Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla les impidió el paso en días anteriores.

Los piquetes no se presentaron y los policías marroquíes regresaron a su rutina de invadir sin disimulo la ‘tierra de nadie’ y plantarse a menos de un metro de la valla azul que delimita el territorio español. Los agentes regresaron a sus habituales toscos modales con la prensa española, ahora que ya no hay activistas marroquíes para denunciar el racismo de la Policía española, ni pancartas insultantes contra España que fotografiar.

Con la normalidad también llegaron de nuevo las interminables filas de vehículos para pasar a Marruecos.

Dos horas de espera

Una espera mínima de dos horas, según los responsables de la Policía Municipal, quienes denunciaron, una vez más, que las fuerzas del orden marroquíes se niegan a abrir los otros tres carriles que tiene el paso (rehabilitado con dinero español) para agilizar la espera de sus paisanos. «Lo de siempre, lo habitual», resumía un agente del cuerpo local mientras intentaba mantener el orden entre los destartalados vehículos cargados de mantas, yogures, zumos, pañales…

El andamio también retomó su actividad. Todavía a última hora de la mañana se podían ver los viejos camiones franceses con matrículas marroquíes descargando ladrillos y gravilla recién llegada de la región de Nador en las nuevas urbanizaciones en construcción cercanas al Río de Oro, que parte la plaza española en dos; una de las pocas zonas de esta ciudad enclaustrada en una triple valla de seguridad en la que aún queda algo de espacio libre.

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