Cinismo, cinismo y más cinismo
El Día, , 19-08-2010A ESTAS ALTURAS supongo que ya saben ustedes cual es la máxima del periodismo supremo: jamás permitas que la realidad te estropee un buen titular; o el apoyo incondicional al partido que te da de comer, que también es importante. Tan importante como las lentejas para algunos concejales del Ayuntamiento de Santa Cruz, aunque hoy no toca hablar del Pibe; hoy toca seguir con Melilla y Marruecos porque, pese a los intentos del Gobierno del talante por mirar hacia otro lado y decir, como siempre, aquí no pasa nada, lo cierto es que están sucediendo cosas. A la hora de escribir este artículo estaba previsto que comenzase otro bloqueo en el suministro de alimentos a esa ciudad española. En contra de lo que pudiera pensarse, tal actitud perjudica más a los proveedores marroquíes que a los melillenses porque el Gobierno de Zapatero, siguiendo con esa política de “todo normal”, ya ha dispuesto el abastecimiento desde la Península si fuese necesario. En definitiva, hambre no para los vecinos de Melilla sino para sus vecinos magrebíes. Un hambre que poco o nada le importa a Mohamed VI. Al rey alauita le preocupa que no le saquen fotos cuando toma el sol en cueros en la cubierta de un lujoso yate, y poco más. Lamento mucho la situación social de Marruecos hay que recorrer los suburbios de Casablanca para comprender por qué son el mejor semillero del integrismo islámico, pero no está en mis manos solucionarla; ojalá.
Tampoco tengo potestad ni quiero poseerla para decirle al director de un digital filosociata cómo debe informar sobre los temas que considere de actualidad, incluida esta serpiente mediática de verano que es ya el asunto de Melilla. Tan sólo me sorprende que dicho periódico, tan presto siempre a arremeter contra la violencia machista, cargue las tintas sobre el PP por lo que está ocurriendo en la citada ciudad autónoma. De las vejaciones a las policías españolas ni una palabra. A lo peor es que en dicho periódico no consideran que una mujer policía sea, ante todo, una mujer. Habrá que preguntarles.
España, con independencia de quien gobierne, es un país proclive al cinismo político. Un cinismo que alcanza su cénit, empero, cuando la progresía asume el poder. Tenemos el perfecto ejemplo en una reciente sentencia del Tribunal Constitucional, según la cual las agresiones en el ámbito de la pareja hay que condenarlas con más dureza cuando el varón es el agresor. Sentencia que ha contado con los votos discrepantes de tres magistrados, pues consideran, al igual que otros muchos juristas, que estamos ante una aberración legal: el hecho de que un mismo delito sea castigado de forma diferente en función del sexo de quien lo comete. Si no se puede discriminar a nadie por ser hombre o mujer, ¿por qué se condena con más severidad a un hombre? ¿Porque lo dice una ley elaborada por un ex ministro de Justicia de infausto recuerdo en Canarias? A fin de cuentas, el Tribunal Constitucional se ha limitado a interpretar una norma socialista ya promulgada.
¿Por qué, volviendo a Melilla, unas mujeres son vejadas sin que sus compañeros puedan defenderlas, mientras que el otro día detuvieron a un pibe en estos alrededores con buen criterio porque ultrajaba a su novia? Muchas preguntas y una única respuesta: cinismo.
rpeytavi@estrelladigital.es
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