TRIBUNA / CONFLICTO DIPLOMÁTICO CON RABAT / GUSTAVO DE ARÍSTEGUI

Gestión de la crisis con Marruecos

El Mundo, , 19-08-2010

LA PRIMERA REFLEXIÓN que se debe
hacer en torno a este nuevo desencuentro
o fricción es reconocer que
con Marruecos existen, lamentablemente,
crisis recurrentes y cíclicas. Unas tienen
una base estructural y otras, coyuntural.
En cualquier caso deben ser gestionadas
con mucha prudencia y un inmenso sentido
de Estado y de la responsabilidad. Hay una
tendencia en una parte de la opinión publicada,
y quizás y en consecuencia de la opinión
pública de Marruecos, a pensar que
desde España hay una estrategia perfectamente
urdida y diseñada para entorpecer o
perturbar la vida política de nuestro vecino.
Muchos consideran que hay una verdadera
obsesión antimarroquí en España y en consecuencia
reaccionan. Nada de esto es
cierto: España es un país extraordinariamente
heterogéneo en el que en ocasiones
se puede decir que donde
haya tres españoles habrá
cuatro opiniones.
Sería bueno que los marroquíes
entendieran nuestra
compleja realidad y que lo que
ocurre, permítanme decir que
lógicamente, es una reacción a
ciertas escaladas que nadie
atisba a entender. Si se le pregunta
a cualquier español de
la calle si prefiere llevarse bien
omal conMarruecos, la aplastante
mayoría dirá que bien y,
si se puede, maravillosamente
bien. Pero que no se llame nadie
a engaño: nunca será a
cualquier precio. En la opinión
pública española hay una sensación
de queMarruecos tensa
la cuerda, muchas veces,
como es el caso, sin que nadie
en España sepa muy bien por
qué. Cuando las tensiones se
manifiestan sin una razón aparente,
se produce un fenómeno de hartazgo.
Conviene de vez en cuando leer los comentarios
de los lectores en los periódicos. Últimamente
las noticias sobre Marruecos generan
más comentarios que las del corazón, y casi todas
traslucen una creciente irritación de la opinión
pública española, incluso en las páginas
web de los periódicos de izquierdas. Los trolls
que dicen ser marroquíes con comentarios terribles
contra España sólo echan más leña al
fuego. Creo sinceramente que las autoridades
ymedios de comunicación marroquíes deberían
tenermuy en cuenta esta realidad. Hay un
umbral de cansancio que con ciertas políticas
se alcanza rápidamente, y éste ha sido el caso
de este enésimo desencuentro.
Cualquier responsable político con sentido
de Estado y de la trascendencia geopolítica estará
a favor de unas buenas relaciones conMarruecos.
Quienes conocemos muy bien el país
sabemos que el marroquímedio, incluso en
tiempos de crisis, siente una simpatía sincera
hacia España y los españoles.
También es esencial subrayar que para los
principales actores políticos españoles la relación
conMarruecos es esencial, prioritaria y
estratégica, y que siempre se hará lo indispensable
paramantener elmejor nivel e intensidad
de relaciones, dentro del marco de la
transparencia, la amistad, el respeto mutuo y
la búsqueda de las sinergias positivas que evidentemente
existen entre nuestros dos países.
Sin embargo, es evidente que hay actores antiespañoles
y que algunos tienen poderosos altavoces
que utilizan para incendiar los ánimos.
Convendría no hacerles demasiado caso,
sin dejar de tener en cuenta lo que dicen,
porque reflejan una parte del pensamiento de
Marruecos.
El Gobierno socialista ha gestionado de manera
extraña las relaciones con Marruecos,
siempre recordando Perejil para criticar al Gobierno
anterior y no haciendo nada, no reaccionando
o haciéndolo de manera tardía en las
ocasiones en que le ha tocado desde 2004. Los
problemas naturales que existen entre vecinos
no los arregla el talante, ni la ideología. Deben
ser cuestiones de Estado, puesto que son problemas
de Estado que trascienden a los Gobiernos
y que deben ser abordados con la
perspectiva clara y taxativa de la defensa de
los intereses nacionales y de los ciudadanos.
El Gobierno ha practicado, demasiadas veces,
una política de esperar a que amaine la
tormenta, dejando desamparados los intereses
de España demasiado tiempo, ymandando un
mensaje completamente equivocado. No se
puede dejar que se pudran las situaciones, eso
no conviene a nadie, aunque se crea de verdad,
como le ocurre al PSOE, que no hay crisis.
Uno se pregunta en qué
mundo vive este Gobierno, que
negaba la crisis económica, la
guerra en Afganistán y ahora
la crisis con nuestro vecino.
¿De verdad creen que es incompatible
llevarse bien con
Marruecos y defender los intereses
de España y de los españoles?
De hecho es una consecuencia
lógica de ello, llevarse
bien y defender nuestros intereses.
Parece que a alguno se
le fue la mano y ahora están tirando
de las riendas. Ya era
hora, nomerecen nuestros países
y nuestros pueblos vivir
tensiones innecesarias.
En el corazón de esta crisis
está la defensa incuestionable,
innegable e irrenunciable de la
españolidad de Ceuta y deMelilla.
El peregrino argumento
de que las ciudades autónomas
se encuentran en un continente
distinto no se tiene de pie. También Turquía
tiene una parte de su territorio en el continente
europeo, y Estambul buena parte de su superficie
en Europa, no en Asia. A los comunicados
oficialesmarroquíes tildando nuestras
ciudades de «ocupadas» debería haber contestado
el Gobierno socialista. Ceuta yMelilla son
españolas porque lo dice la Historia, la Constitución
española, y la aplastante mayoría de
ceutíes y melillenses (por no decir todos) incluidos,
quizás sobre todo los de origenmarroquí.
Ambas ciudades son un ejemplo extraordinario
de convivencia, demostrando que no hay
racismo en el corazón de los españoles, que
ése es un sentimiento que no tiene peso o trascendencia
en nuestra sociedad. Habría que
preguntarle a algún asesor del presidente, o a
algún concejal socialista de Sevilla, si de verdad
creen que hay que devolver aMarruecos
esos «territorios ocupados». Al PSOE en su
conjunto hay que preguntarle, con su secretario
general y presidente del Gobierno a la cabeza,
ya que tantas vecesmencionan de forma
enfermiza Perejil, cómo habrían actuado ellos
si una parte del territorio español hubiese sido
ocupada por un vecino. Después de seis años
ymedio de gobierno ya va siendo hora.
No se puede aceptar tampoco que se tilde
de racista a toda la plantilla de las Fuerzas y
Cuerpos de Seguridad del Estado de Melilla,
por extensión de Ceuta y del resto de España.
Esas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
son los garantes de los derechos y libertades
de los ciudadanos de un Estado democrático.
Quiero subrayar nuestro apoyo, respeto,
gratitud y admiración por los hombres y
mujeres de la Policía y de la Guardia Civil. El
Gobierno no ha defendido la dignidad profesional
y personal de los policías y sobre todo
de las policías españoles deMelilla, que han sido
denigrados –especialmente ellas– por los
carteles de ciertas asociaciones privadas. La
reacción de la ministra de Igualdad es tardía y
forzada por las exigencias insistentes de la
oposición. La defensa del ministro del Interior
es a todas luces insuficiente. Sin duda, una
mancha oscura en la desastrosa gestión de esta
crisis por parte del Gobierno socialista, que
apenas ahora empieza a reaccionar.
En circunstancias mucho más tensas, Zapatero,
quien era entonces jefe de la oposición y
secretario general del PSOE, voló aMarruecos
en viaje oficial visitando a todas susmáximas
autoridades, sin la luz verde del Gobierno y
rompiendo de forma hasta ahora irremediable
el consenso en política exterior.
Algunos intentan de manera torticera hacer
el paralelismo con el viaje del ex presidente
Aznar a Melilla. Pero debe recordarse que Aznar
es un ciudadano español que no tiene cargo
institucional, y que visita una parte del territorio
nacional de su país.
La conclusión no puede ser otra que la que
se lee de estas líneas: las relaciones conMarruecos
son y serán siempre una prioridad para
todos los Gobiernos de España, pero la primera
obligación sagrada es la defensa de los
intereses nacionales, desde elmás estricto sentido
de Estado y de la trascendencia de los propios
actos.Debemos entender que sobre cuestiones
de este calado no hay intereses partidistas;
debe primar el interés general, el nacional
y la responsabilidad. Parece que las aguas
vuelven a su cauce. Esperemos que todos hayamos
aprendido de una vez por todas la
lección. La tensión artificial y artificiosa no lleva
a ninguna parte, y el silencio y la inacción
del Gobierno de España sólo alimenta la hoguera.
Es hora de apagarla.
Gustavo de Arístegui es diplomático, diputado
por Zamora, portavoz de Asuntos Exteriores del
PP en el Congreso y autor del libro Contra Occidente
(La Esfera de los Libros).

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