opinión

La libertad de culto, 400 años después

La Voz de Galicia, Miguel A. Murado, 15-08-2010

La «mezquita de la ‘’zona cero’’» no está en la zona cero, sino a dos manzanas de distancia. Tampoco va a ser construida sino renovada, puesto que ese lugar ya funcionaba como mezquita desde hace tiempo. Estos dos datos bastarían para poner fin a una polémica artificial, sobre todo si se considera que hay otra mezquita algo más cerca, al norte de la zona cero, la de Masyid Manhattan, que no parece atraer la misma atención. Quizás porque se encuentra allí desde hace cuarenta años, antes incluso de que se construyesen las Torres Gemelas. Como tampoco parece suscitar inquietud moral alguna la presencia de un bar de estriptís (el Muñequitas de Nueva York) todavía más cerca del lugar considerado sagrado.

Y es que estamos ante un clásico escándalo alimentado políticamente. Forma parte de un rearme ideológico de la derecha norteamericana, que ya ha logrado su objetivo: forzar a que se pronuncie el presidente Barack Obama, de quien uno de cada diez norteamericanos creen que es musulmán en secreto. Su defensa de la mezquita neoyorquina ayudará a reforzar esa leyenda urbana.

Pero también la invocación de la libertad de cultos como algo esencialmente norteamericano, enarbolada por Obama, tiene mucho de fantasiosa. Como todos los clichés, solo contiene un gramo de verdad. Es cierto que los puritanos que fundaron algunas de las primeras colonias buscaban un lugar para practicar su religión en libertad, pero esa libertad no se extendía necesariamente a los demás.

Aquellos puritanos persiguieron a los cuáqueros, que tuvieron que huir y fundar Pensilvania, y no permitieron el establecimiento de los judíos, por ejemplo, que tuvieron que refugiarse en la colonia holandesa de Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York). Allí sí existía una tolerancia que, irónicamente, había sido la causa de que los puritanos se marchasen de Holanda al Nuevo Mundo.

En cierto modo, se podría decir que todavía hoy conviven en la cultura americana aquellas dos tendencias contradictorias, y nada más apropiado que el debate vuelva a suscitarse, como hace cuatrocientos años, a causa de la libertad de culto en la vieja Nueva Ámsterdam.

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