Las mezquitas de Occidente

La Vanguardia, , 11-08-2010

EN las ciudades de Occidente se observa a veces con cierto recelo la apertura y el funcionamiento de mezquitas donde los musulmanes se reúnen para orar. Dicho recelo resulta en parte comprensible, puesto que en algunas de estas mezquitas operan elementos fundamentalistas que intentan atraer a los fieles hacia posiciones extremistas. Abona sin duda tal recelo el recuerdo de atentados como los sufridos por Nueva York, Madrid o Londres, entre otras ciudades, en el primer decenio del siglo XXI, con su estela de muerte, devastación y persistente dolor. Pero, al tiempo, lo atenúa la convicción de que sólo una minoría de musulmanes abraza postulados intransigentes.

Dos hechos recientes, sucedidos respectivamente en Hamburgo y Nueva York, vienen a poner de manifiesto estas tensiones. Las autoridades de la ciudad alemana anunciaron anteayer su decisión de cerrar la mezquita Madjid Taiba. Fue en este centro religioso donde se reunieron, un decenio atrás, varios de los terroristas responsables de los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York, que se saldaron con cerca de tres mil muertos. Pero las autoridades alemanas no han clausurado este templo próximo a la estación de Hamburgo por dicho motivo, sino tras comprobar que en él se ha seguido adoctrinando a jóvenes musulmanes en una interpretación fundamentalista y violenta del Corán. Christoph Ahlhaus, secretario de Interior de la ciudad de Hamburgo, justificó el cierre con palabras inapelables: “De modo subrepticio, una supuesta organización cultural traicionó desvergonzadamente las libertades que garantizan nuestras leyes democráticas para promover la guerra santa”.

Pocos días antes, el martes día 3, en Nueva York, la Landmarks Preservation Commission dio su aprobación, por 9 votos a 0, a la construcción de una mezquita de trece plantas, valorada en 100 millones de dólares, tan sólo dos manzanas al norte de la zona cero, donde se levantaron las Torres Gemelas hasta los atentados del 11-S. Esta decisión acabó con la resistencia de algunos familiares de las víctimas, secundados por figuras del ala derecha republicana como Newt Gingrich o Sarah Palin. Una resistencia a la que se enfrentó el alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, quien durante un vibrante discurso al pie de la estatua de la Libertad defendió el proyecto de la mezquita como símbolo de la tolerancia y la libertad religiosa estadounidenses, y donde afirmó: “No honraríamos a las víctimas de los atentados negando los derechos constitucionales que ellas defendieron. Las honraremos defendiendo esos derechos y las libertades que los terroristas atacaron”.

Recapitulando, vemos que Hamburgo ha decidido cerrar una vieja mezquita, mientras que Nueva York ha autorizado la construcción de una nueva. Son medidas de signo opuesto. Pero, por paradójico que pueda parecer, ambas merecen aplauso. La primera, porque persigue a los enemigos de la libertad y la tolerancia; la segunda, porque honra a sus defensores. Así son las cosas: valores como la tolerancia y la libertad religiosa, que están en la base de la democracia, deben ser practicados y apoyados en toda circunstancia. Y quienes abren mezquitas en Occidente deben cumplir con las normas de los países que les acogen, desde las constitucionales hasta las meramente funcionales, y renunciar a traicionarlas. La irreversible convivencia de culturas en un mundo globalizado así lo exige.

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