«Mamá, he matado a cinco racistas que me hacían la vida imposible»

Diario Sur, E. P. GARAY, 05-08-2010

El teléfono sonó el martes a las siete de la mañana en casa de la señora Thornton. Al otro lado del hilo, su vástago Omar – de 34 años – le relató impasible el funesto escenario que acababa de sembrar en Manchester, Connecticut: «Mamá, he matado a cinco racistas que me hacían la vida imposible. Eso es todo. La Policía llegará pronto; ahora debo ocuparme de mí».

La progenitora comprendió el eufemismo y trató de desistirle de sus intenciones durante diez largos minutos. Resultó en vano. Los agentes le confirmaron al cabo de unas horas la muerte de su hijo, verdugo de ocho compañeros fallecidos en el tiroteo en la distribuidora de cerveza para la que trabajaba como camionero desde hacía poco tiempo. Esa mañana sus jefes le esperaban para abordar un expediente disciplinario por un hurto ocurrido en las oficinas.

Su tío Will le describió tras la matanza como un «hombre callado y trabajador al borde del abismo» por el acoso laboral del que era víctima. «Sus compañeros colgaban sogas en los servicios y le escribían mensajes amenazantes por ser el único negro», explicó.

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