Problema, no solución

El Mundo, Salvador Sostres, 02-08-2010

La inmigración es un problema. La socialdemocracia intenta venderla como una solución, pero al final la verdad desagradable asoma. Somos más de los que cabemos y las cárceles están llenas de gente que vino sin permiso ni control y luego no supo qué hacer.

Las medidas que Sarkozy tomará en Francia – «Hay que ser digno de la nacionalidad francesa»- y la ley de Arizona, anulada en parte cautelarmente, son el vivo reflejo de un serio problema, agravado dramáticamente por el relativismo occidental que en nombre de la tolerancia renuncia a su supremacía moral y se acaba considerando que es lo mismo vestir burka que llevar una cruz colgada del cuello.

Es más moderna la firmeza de Sarkozy que los reproches de la izquierda buenista; del mismo modo, la ley de Arizona afronta con valentía un problema que su suspensión cautelar no contribuye a resolver, sino todo lo contrario. Pasará la izquierda progre y cínica, y pasarán los presidentes que más que como líderes del mundo libre actúan como el director de un musical de Broadway. Permanecerá en cambio la inmigración como problema.

Y cuando alguien quiera resolverlo, a parte de ideas nuevas que tal vez nos queden por conocer, lo que seguro que va a asumir es que hay que ser agradecido y por lo tanto digno del país que te ha acogido, y que si tú no cumples ni con los mínimos razonables, no te van a seguir manteniendo para que les agredas o les robes o los mates.

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