Los nombres propios de la mendicidad

La Verdad, TEXTO: ALEJANDRA JIMÉNEZ, 01-08-2010

Francisco, Diego, Radek, Leo, Mark e Irina son los protagonistas de una historia que recuerda a los documentales de ficción que hoy están tan de moda. Como origen, diferentes países: España, Alemania, Nigeria, República Eslovaca y Rumanía. Como destino, Murcia. La pobreza es la trama que les une. Ellos son sólo una muestra de aquellos que diariamente merodean sin rumbo fijo por las aceras de la Región, con una cultura diferente y estilos de vida particulares. Aún así, les une un mismo contratiempo. Todos ejercen la mendicidad en una ciudad que les acoge desde hace años, en unos casos, o escasos meses, en otros.

Diariamente buscan el dinero que les permita sobrevivir, seguir paseando por la capital murciana, seguir caminando por el mundo. Por una vez, hablan sin tapujos de sus vidas, sus experiencias, las vivencias que les llevaron hasta aquí y sus esperanzas para el futuro.

Deambulando por las calles de Murcia, sentados en las aceras, recuerdan a aquellos personajes sin rumbo que Pablo Picasso empezó a retratar cuando en 1901 llegó a París. Rostros melancólicos que parecen sacados de la ‘etapa azul’ del pintor. ‘Mendigos a orillas del mar’, ‘El viejo judío’, ‘El trágico guitarrista ciego’.

Francisco Javier Espina y Diego son dos mendigos que comparten suelo en la Gran Vía, frente al Corte Inglés. Historias de vida que han llevado a un sevillano y un mallorquín a coincidir en Murcia, lugar que han escogido para vivir indefinidamente.

Francisco tiene 32 años y lleva más de año y medio en la calle. Recuerda melancólico que el alcohol le ha «complicado la vida». Estuvo nueve años casado y tiene una hija de ocho, perdió el trabajo de albañil por culpa de la adicción a la bebida. «Hace casi dos años que me separé de mi mujer y ahora no mantengo ningún tipo de contacto con ella ni con mi hija», explica.

«La pobreza no se elige». El director de la Fundación Rais en Murcia, Javier Morales, define así la situación que viven las personas sin hogar. No se pueden sacar conclusiones generales sobre las causas por las que alguien está en la calle. Depende de cada persona, cada lugar, cada momento. «Los sucesos vitales estresantes, los hechos traumáticos, te pueden llevar a caer en la derrota, y si eso se junta con la pérdida de apoyo social y familiar, hay un mayor riesgo» , indica el director.

De Sevilla, ciudad en la que Francisco vivía con su familia, viajó a Marbella. De ahí se vino a la zona de Levante y ejerció la mendicidad en Alicante, Cartagena y Murcia, donde lleva escasamente un mes. «Duermo en Jesús Abandonado, pero me paso la mayor parte del día en la calle, pidiendo», comenta. Al día se saca – asegura – al rededor de 5 euros. «Si se acerca un hombre y me ofrece trabajar recogiendo naranjas, me levanto y me voy con él», dice.

Las mismas ganas de trabajar tiene Diego. A sus 35 años reconoce estar en un pozo «sin saber salir». La vida de este balear está marcada por la droga. A causa de su adicción a la heroína, empezó a robar para poder conseguir el dinero suficiente para comprarla y terminó en la cárcel, donde ha estado más de 11 años. «Estar preso me ha limpiado y ahora sólo busco rehacer mi vida». Vino a Murcia hace escasamente medio año buscando el asilo de unos familiares, pero «me dieron con la puerta en las narices», explica. Diego se queja de que la gente suele dar poco dinero porque piensa que es para droga. «En mi caso es para subsistir», se defiende.

Un despacho sin puertas

La Fundación Rais llegó a la Región en 2008 y desde entonces trabaja con los excluidos y personas sin hogar. «Somos un despacho sin puertas», explica José Morales. La fundación centra sus esfuerzos en la gente que no accede a la cobertura de asistencia básica. Labor parecida llevan a cabo los compañeros del Servicio de Emergencias Móvil y Atención Social (SEMAS) del Ayuntamiento de Murcia. Desde 1997, cubren las emergencias sociales que aparecen a cualquier hora, además de atender a las personas en deterioro o gravedad. Divididos en tres grupos, compuestos por un trabajador social y un policía local, recorren las calles de Murcia para cubrir las necesidades primarias de las personas sin hogar. El responsable de Área del SEMAS, José Morales, señala que en estas actuaciones se intentan «buscar soluciones temporales hasta que llegue la definitiva y, para ello, el SEMAS deriva a estas personas a lugares donde puedan seguir atendiéndolos, una vez que aprueben que les prestemos ayuda».

Lejos de su país

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), casi la mitad de las personas sin hogar son extranjeros. Paseando por las calles de la Región uno puede comprobarlo. Sin movernos de la Gran Vía, a escasos metros de Francisco y Diego, está sentado Radek, un eslovaco de 26 años que ejerce la mendicidad junto a su novia de hace diez años, Martina. Ambos llevan un año en Murcia, ciudad que para Radek era la cuna de sus «sueños de libertad». Vino aquí por un amigo que le aconsejó que si viajaba a España, conseguiría dinero. En la República Eslovaca trabajaba como cocinero y aunque en Murcia nunca ha ejercido como tal, le sigue gustando cocinar para su novia, con quien se casará cuando vuelva a su país. «Pedimos dinero para poder comprar dos billetes que nos lleven de vuelta a nuestro país», pero desafortunadamente el trayecto es muy caro y mientras lo consiguen deben pagar la comida y el piso.

Soñador con mochila

El caso de Leo es diferente. Él es alemán y a sus 42 años se confiesa un «soñador con mochila». Siempre junto a su perra Po, un pastor belga que, en avanzada edad, le acompaña en su periplo por el mundo.

Nos remontamos al año 2000 para entender su «filosofía de vida». Leo trabajaba como camionero en Alemania, tenía casa propia y un buen coche y un día, recuerda, «decidió dejarlo todo. «Regalé mis pertenencias, me colgué la mochila y me dediqué a recorrer Europa». Cuatro años hace que pasea diariamente por Trapería, lugar donde suele sentarse para ejercer la mendicidad y cuyos techos le cubren por la noche. «Soy esclavo del dinero como todos, pero he elegido ser feliz y para eso sólo se necesita la vida», explica orgulloso el alemán.

De Nigeria es el chico que pide a la altura de Caja Murcia, en la Gran Vía. Mark vino a Murcia hace cuatro años tras un viaje interminable de autobús, patera hasta Cádiz y luego ‘a dedo’ hasta la Región. Con 30 años – aunque no aparenta más de 20 – Mark recuerda cómo han sido las dos semanas que lleva viviendo en la calle. «Nunca me planteé tener que pedir. Yo he trabajado siempre de agricultor, pero ahora que estamos en crisis, los empresarios no contratan y la gente tampoco da dinero». Por el momento, dice, tiene para subsistir con lo que se saca. «Trabajo de lunes a sábado. El domingo lo utilizo para ir a la Iglesia, como cristiano que soy».

El director de la Fundación Rais, José Morales, explica que «desde hace dos años van apareciendo cada vez más africanos en las calles de la Región, que pasan el día ejerciendo la mendicidad». Lo mismo ocurre con las personas que provienen de Europa del Este. En tan solo cuestión de unos años muchos de los semáforos de Murcia, el sitio escogido por estas personas para pedir dinero, acogen, haga frío o calor, a hombres y mujeres de Rumanía principalmente.

De ese país es Irina. Una joven de 20 años que vino a Murcia hace menos dos meses con su marido, sus dos hijos pequeños, su madre y su tía. Reacia a muchas de las preguntas que se le hacen, Irina cuenta que pasa de diez de la mañana a siete de la tarde en el semáforo de Ronda Norte todos los días de la semana. Ella sí tiene un techo donde cobijarse. «Vivimos en una habitación de una casa los seis miembros de la familia que estamos en España». El resto, explica, están todavía en su país.

Francisco, Leo, Marx, Irina, Radek, Diego… ¿Quién le iba a decir a Picasso que los trazos azules de antaño podrían dibujar en el siglo XXI las mismas siluetas, las mismas escenas? Murcia podría ser uno de los paisajes escogidos y para muestra, seis botones.

Francisco, Diego, Radek, Leo, Mark e Irina son los protagonistas de una historia que recuerda a los documentales de ficción que hoy están tan de moda. Como origen, diferentes países: España, Alemania, Nigeria, República Eslovaca y Rumanía. Como destino, Murcia. La pobreza es la trama que les une. Ellos son sólo una muestra de aquellos que diariamente merodean sin rumbo fijo por las aceras de la Región, con una cultura diferente y estilos de vida particulares. Aún así, les une un mismo contratiempo. Todos ejercen la mendicidad en una ciudad que les acoge desde hace años, en unos casos, o escasos meses, en otros.

Diariamente buscan el dinero que les permita sobrevivir, seguir paseando por la capital murciana, seguir caminando por el mundo. Por una vez, hablan sin tapujos de sus vidas, sus experiencias, las vivencias que les llevaron hasta aquí y sus esperanzas para el futuro.

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