Un baño poco tranquilo

La Verdad, DANIEL LEGUINA, 19-07-2010

Una pintada en la zona de vestuarios del Murcia Parque. :: I.S. / AGM

Ni el mismísimo Spike Lee hubiera escrito un guión como el que estos días se ‘rueda’ en la piscina Murcia Parque para una de sus películas de pandilleros y bandas de distintas razas que luchan por el control de un distrito en cualquier barrio marginal de Nueva York. La diferencia es que el argumento que se ‘filma’ estos días en esta piscina municipal no es una historia de ficción al más puro estilo americano, sino tan real como la vida misma.

Desde que el recinto abriera sus puertas el pasado 3 de junio, bandas de magrebíes, subsaharianos, ecuatorianos y gitanos se afanan por convertir el lugar en una versión murciana del Bronx neoyorquino y las reyertas se suceden casi a diario. «En el mes y medio que llevamos abierto he visto al menos cuatro peleas entre marroquíes y subsaharianos o gitanos, y no eran precisamente un par de bofetadas y unos empujones entre dos, sino batallas campales de veinte contra veinte y a mamporro limpio», cuenta un miembro del personal del complejo lúdico que pide encarecidamente permanecer en el anonimato.

Y como este joven, todos los demás integrantes del plantel a cargo de las instalaciones no tienen reparo en relatar los episodios que están viviendo casi a diario, pero nadie está dispuesto a dar su nombre ni mucho menos salir en las fotos. Tienen miedo, y con fundamento.

Una mujer del equipo de limpieza afirma que «sobre todo los gitanos adolescentes me insultan todos los días, cuando yo ni siquiera me he dirigido a ellos en el mes y medio largo que llevo trabajando aquí. Me llaman ‘hija de puta’, ‘perra’, y se ríen de mí». Esta mujer cuenta que ya está acostumbada a escuchar improperios, «pero es que las palabrotas me las dicen delante de sus padres, que se ríen casi más que ellos».

El equipo de socorristas, además de negarse a dar nombres y caras, guarda silencio con el argumento de que su empresa les prohíbe hacer declaraciones. Jesús Medino, responsable de la misma, negó este extremo, y aseguró «no saber nada» de los hechos que han convertido la alberca en un nuevo Bronx.

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