«O se quita el velo o suspendo el juicio»

El Correo, DAVID GONZÁLEZ / JUAN CARLOS BERDONCES, 15-07-2010

«No se lo volveré a repetir, por favor quítese el velo para que la identifiquemos o doy por terminada la vista». La escena ocurrió hace dos días en la Audiencia de Vitoria y la protagonista del contundente aviso – el tercero por cierto – fue la titular del Juzgado de Instrucción número 3. Su interlocutora, Nadia Shahbi, una tunecina de origen marroquí que está embarazada, subía al estrado tras haber presentado una denuncia contra el responsable de Atención Primaria del centro de salud de Olaguíbel, en Vitoria, por «obligarme a quitarme el niqab (velo que cubre toda la cabeza excepto los ojos)» para auscultarla. Sin embargo, las circunstancias que rodearon la consulta médica mantiene muchos puntos oscuros.

Todo empezó hace poco más de un mes. Nadia, ataviada con el niqab y que parece afrontar un embarazo de riesgo, se presentó el pasado 4 de junio en el ambulatorio y solicitó atención médica. Según ella, tenía concertada hora y doctor. Quería un informe y dos volantes: para un ginecólogo y para el especialista digestivo.

Hasta ahí, todos los implicados están más o menos de acuerdo, aunque en lo sucedido después las versiones se distancian. Las fuentes de Osakidetza consultadas sostienen que la mujer pidió ser atendida por el jefe de la Unidad de Atención Primaria. Este aceptó, «pero poco pudo hacer, puesto que a la paciente no le correspondía ese centro». ¿Por qué? «Hasta hacía poco residía fuera de Vitoria y no había cumplimentado el papeleo habitual». A pesar de ello, sí hubo «una breve exploración», antes de explicarle el procedimiento a seguir para cambiar de circunscripción. «Da igual que hubiera venido vestida de montañera; esa no fue la razón por la que no se le atendió», recalcan desde el Departamento de Sanidad.

«Quítate eso de la cara»

El testimonio de la joven es bien distinto. «El médico se me quedó mirando un rato sin hablar. Lo primero que dijo fue ‘quítate eso de la cara’. Le respondí ‘no puedo’. ‘Sí puedes’, contestó, como dándome una orden», puntualiza. «Así, hasta tres veces. Le dije que venía a por unos volantes. Y él, que no podía acceder a mi historial, cuando antes ya me lo había enseñado», continúa. «Sentí un trato vejatorio». Nadia Shahbi, que reside desde hace tres años en Álava, apela a sus «creencias religiosas» para justificar su negativa a descubrir su rostro ante ‘extraños’.

A punto de cumplir 25 años, optó por irse, aunque poco después regresó a la consulta en compañía de su marido, Redouan. Las declaraciones vuelven a ser contradictorias. «El doctor estaba con un paciente y el hombre empezó a aporrear la puerta», describen varios testigos. El especialista salió al pasillo. «Intentó calmarle, pero la discusión subió de tono y el marido llegó incluso a levantar el puño y a amenazar al facultativo», lo que motivó la llamada a la Ertzaintza. Nadia lo niega. «Ahora se quieren echar culpas sobre mi marido diciendo que amenazó al médico. Es mentira. Sólo le habló».

Fuentes policiales, en cambio, recuerdan que «el esposo estaba muy nervioso, fuera de sí». «Al final hubo tres imputaciones. El doctor denunció al esposo por una falta de amenazas, se cursó otra contra la pareja por insultos a los efectivos desplazados y, finalmente, la chica hizo lo propio contra el médico».

La vista, señalada para el pasado martes, tampoco se pudo celebrar. Al tratarse de asuntos relacionados, la jueza informó de que se tratarían todos a la vez y, aplicando la Ley de Enjuiciamiento Criminal, instó a la mujer a que mostrara su rostro al acudir al juicio sin ningún documento acreditativo.

La abogada de Nadia requirió a la magistrada, siempre según la denunciante, que «me identificara aparte y, al negarse, le pidió otra vez que, al menos, colocaran un biombo en la sala para separarme de los hombres». Insiste que «incluso se lo pidió por favor, y dos veces, aunque la jueza no accedió». De hecho, le invitó hasta en tres ocasiones a quitárselo. «No puedo por mi religión. Me habló con voz fuerte, no me sentí bien tratada. Pensaba que iba a ser más flexible». Y es que, en ese punto, la jueza optó por suspender el proceso.

«El niqab es de Afganistán»

Archivada la denuncia contra el responsable de atención primaria, el marido de la joven magrebí se expone ahora a un juicio del que podría salir malparado. La Fiscalía cambió sus argumentos y, de una falta por amenazas al doctor, pasó a un presunto delito de atentado a la autoridad. Si sale adelante el ruego, a Redouan podría caerle una sanción económica.

Su mujer no sale de su asombro. «Pensaba que la gente iba a reconocer los derechos de todos, que se iban a respetar más», exclama. «Tengo claro que voy a ganarme muchos enemigos, pero iré hasta el final». De hecho, en breve aparecerá en un programa de televisión nacional para contar su versión. «No me he sentido bien tratada en Vitoria. Hoy – por ayer – , cuando paseaba, he oído comentarios como ‘esta gente no tendría que vivir aquí’». Fuentes de la comunidad marroquí, por su parte, rechazan la actitud de la pareja. «No les entendemos, el niqab es de Afganistán, nosotras llevamos el pañuelo islámico, el hiyab», apunta Nadia Otmani, presidenta de la asociación de mujeres marroquíes Al Amal.

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