LA CARA MÁS AMABLE DE LOS CUERPOS DE SEGURIDAD

Integrar en la prevención

Guardias urbanos y bomberos dan charlas en asociaciones de inmigrantes para acercarse al colectivo En las sesiones se dan consejos sobre cómo actuar en situaciones límite

El Periodico, HELENA LÓPEZ BARCELONA, 14-07-2010

Por el tono de sus dudas es evidente cuál es la frontera que separa a este grupo de mujeres paquistanís de los cuerpos municipales de seguridad: el miedo. «Si nos llamáis porque tenéis cualquier problema, acudiremos lo antes posible a intentar resolverlo, y no os vamos a pedir la documentación. Si estáis en peligro nos tenéis que llamar, no debéis tener ningún miedo. Nuestra misión no es comprobar si tenéis o no los papeles en regla, sino ayudaros», las tranquiliza Concepción Magriñá, una de las agentes de la Guardia Urbana que el viernes ofreció la primera sesión informativa de seguridad vial y protección ante el fuego dirigida a inmigrantes, organizada por el Área de Prevención, Seguridad y Movilidad del ayuntamiento.
El origen de estas charlas se remonta al pasado día 31 de diciembre, fecha en la que un incendio en un piso de la calle de Castillejos provocó la muerte de cuatro personas de origen peruano. El suceso, que no fue un caso aislado, hizo al ayuntamiento plantearse que las personas mayores –colectivo con el que ya hace tiempo que se trabaja ofreciéndoles este tipo de charlas– no son el único colectivo «de riesgo». Muchos de los incendios que se producen en la ciudad por mal uso de aparatos eléctricos suceden en viviendas en las que residen inmigrantes, precisamente un colectivo que en muchas ocasiones desconoce los mecanismos a seguir en caso de emergencia.

Así, el objetivo de estas sesiones, que se irán ofreciendo en los locales de las distintas asociaciones de inmigrantes de la ciudad a petición de las mismas, es, además de acercar tanto el cuerpo de la Guardia Urbana como el de los bomberos a estos nuevos ciudadanos y mostrarles su «proximidad» y su «utilidad», brindar consejos básicos sobre cómo prevenir situaciones peligrosas y, finalmente, saber cómo actuar cuando estas se presentan.

La primera charla se imparte una calurosa tarde de julio en el local de la asociación de mujeres paquistanís Ambar Prim, en el barrio del Besòs. Empieza a hablar el bombero Xavier Garcia, adecuadamente ataviado con su uniforme azul marino. Explica que en Barcelona se queman entre 12 y 15 pisos «enteros» cada mes. «Cuando veáis fuego, tenéis que cerrar la puerta y llamarnos enseguida. Es muy importante cerrarle la puerta para que se no extienda», relata el paciente funcionario después de repartir entre la veintena de mujeres que escuchan atentas un folleto donde, además de verse bien grande que el 080 es el número donde hay que llamar en caso de incendio, tienen por escrito los consejos que él les explica con delicadeza (para esta campaña se han editado 50.000 folletos como ese, en catalán, castellano, urdú, chino y árabe).

«El fuego, siempre cerrado. Y, si no es en vuestra casa, no salgáis. Llamadnos, pero no salgáis», insiste el veterano bombero, quien aporta otro detalle importante: «Trabajamos las 24 horas del día, todos los días del año, y nuestros servicios son gratuitos. Vendremos en un tiempo máximo de 10 minutos y no os cobraremos nada. No tenéis que dejar de llamarnos porque no tengáis dinero», advierte con conocimiento de causa antes de dar un consejo práctico para una situación menos extrema. «Si arde el aceite, ¿cómo lo apagaréis?», lanza al aire, sin encontrar respuesta. «Pondremos una tapa encima. No apartaremos la sartén, porque apartándola no haríamos otra cosa que extender el fuego», se responde él mismo. «Y, nunca, jamás, le echaremos agua», sentencia.

Mujeres de uniforme

Después del apasionada discurso del bombero, es el turno de la policía local. «Me llamo Maribel y soy guardia urbana. Por mi uniforme me conoceréis», se presenta Maribel Cruset, responsable del servicio municipal de Educación Vial, quien, como mujer policía, dice estar «muy ilusionada» por estrenar estas charlas con un grupo de mujeres. Hechas las presentaciones, Cruset introduce las tareas de la Guardia Urbana: ayudar, vigilar e informar. «Nuestra principal misión es ayudar. Queremos que nos sintáis próximos», apunta Magriñá, la otra policía encargada de la sesión, quien también indica que es importante que conozcan que existen unas normas que se deben cumplir, en referencia a la ordenanza cívica, que estos días vuelve a estar en campaña, de la que también ofrecen cuatro pinceladas: tirar papeles al suelo y escupir está prohibido (y a su vez multado).

En el turno de preguntas, después de escuchar atentas cerca de una hora de explicaciones y de tomar alguna que otra nota, las mujeres persisten en sus miedos. «Si veo a alguien pegando a otra persona y llamo a la policía, ¿a mí me van a preguntar algo?», indaga una mujer, esperando un no por respuesta. «Depende de la situación, pero ten claro que si vienen por una agresión, en ningún caso te van a preguntar por tu situación», responde Cruset. A juzgar por las sonrisas de las interlocutoras, la respuesta gusta.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)