Ciudad abierta
El Correo, , 09-07-2010Quizá recuerden una exposición fotográfica que nos visitó a comienzos de año en la que se mostraban imágenes de inmigrantes residentes en distintas ciudades europeas. Era una exposición que tenía la peculiaridad de instalarse en sitios raros, pero transitados. Aquí la pusieron en un centro comercial y en Madrid la plantaron en la T – 4. Uno se acercaba a curiosear, mientras llegaba el avión o el salami, y veía fotos de gente de distintos colores viviendo y trabajando en lugares como Dusseldorf, Viena o Bilbao. Las imágenes tenían la virtud de la cotidianeidad y mostraban escenas tan corrientes como significativas. Por ejemplo, una escuela de Uribarri en la que conviven niños de distintos orígenes sin tener en apariencia más problemas que los que suministran los perversos profesores llegada la hora de las matemáticas.
Aquella muestra formaba parte de una iniciativa del British Council llamada ‘Opencities’ que aspira a agrupar a las ciudades que entienden la inmigración como una fuente de oportunidades, energía social y prosperidad. Bilbao forma parte de ese proyecto y eso está bien. Ahora el Ayuntamiento ultima un plan sobre inmigración que se presentará en septiembre, junto a los de otras once capitales, en una reunión de este grupo internacional de trabajo que se celebrará en la lejana Sofía.
Ayer Nekane Alonso, concejala del ramo, presentó las líneas generales del plan. Habló de garantizar la plena integración, de evitar la discriminación, de impulsar la normalización y de otras cosas que terminaban también en palabra aguda. A la espera de los detalles, parece que al Ayuntamiento las líneas generales le están quedando en general bastante generales. Aunque ni tan mal. Comprobar que al menos las generalidades están claras tranquiliza cuando vemos cómo en consistorios de la avanzada Cataluña se dan amplios consensos para hacer el cafre en asuntos inmigratorios. Ayer el Ayuntamiento informó también de que en 2010 el incremento de la población extranjera ha disminuido notablemente. En los últimos tiempos cada año se empadronaban entre nosotros unos tres mil inmigrantes y este curso no han llegado a quinientos. No deja de ser un misterio que esta gente que no ha venido a trabajar deje de venir en cuanto escasea el trabajo.
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