Colaboración Por Amaia Espinosa
Esclavos de la esperanza
Deia, , 04-07-2010IBA a ser una visita programada. Un centro escolar en Bilbao, modelo A, con un alumnado mayoritariamente perteneciente a la etnia gitana y del que sus profesionales se sentían ante todo, orgullosas. Íbamos a visitar el CEP de Artatse, una escuela pública de infantil y primaria en el barrio de Txurdinaga, a la que nos había invitado su dirección. Y porque quiero que se sepa cuál y cómo es, lo especifico. Porque las buenas prácticas deben ser publicitadas y porque a pesar de que esto os pueda producir algún incomodo (disculpas) quiero que se sepa que estáis ahí.
Y allí nos presentamos a las 10 de la mañana. Hora de entrada de los niños.
- No es muy tarde?
- Es su hora habitual, más temprano vendrían muchos menos.
Empieza el bullicio, madres, niños, algún padre, carros, nos cuentan de alguna madre coraje, abuelos, lo normal…
- Agur! (De dentro hacia fuera).
- Es la voluntaria de 9 a 10 – nos dicen – cuida a los niños que no tienen con quién quedarse durante esa hora, es una antigua alumna con una vida nada fácil… pero no falla nunca! Pero pasad…
- Egunon a todas!
- Este es Koldo, el voluntario de cocina que viene a la escuela después de terminar su trabajo de reponedor en Eroski y ayuda hasta recoger la comida. ¡Qué pasada de chaval!
Y entonces, en el probablemente más desapacible y lluvioso de los días de junio, me doy cuenta de que el verdadero clima, el real, esta dentro, y que no llueve y que todo es brillante, y de que aquí, incluso el tiempo pasa de manera diferente. Cuánto calor y color en esta isla de futuro, cuánto trabajo, ilusión, amor, solidaridad, cuánto bien enseñar.
Me resulta difícil de explicar, y menos con palabras, el cúmulo de sensaciones y emociones que he sentido en esa jornada de escuela que nos dejasteis compartir, donde cada puerta que se abría era una caja llena de historias y sorpresas.
La clase de 6º de primaria de la que nadie se quería marchar. ¿La ESO? ¡No, no! que aquí estamos muy bien. El serio futbolista del Indautxu que seguro que irá a más… ya ha jugado en Madrid. El biólogo que quería poner una tienda de animales… Eskola 2.0 o el control de las tecnología (la maestra se lee todos los emails, eh? Así es que… kontuz!) Y el profesor de apoyo (todos lo son) que además es titular de gimnasia… y de baile. ¡Vaya ritmo la Deli! Y otra vez el ordenador para jugar y aprender “nos lo compramos con un premio que nos dieron”. Y otra vez los colores en forma de cuaderno “Método personalizado de lecto – escritura” porque cada niño tiene su ritmo y el objetivo es aprender, no pasar página, y al final… ¡premio! Y los pasillos – museos llenos de protagonistas, autorretratos, trenes de viajeros, paisajes, recuerdos de viajes, cuadros de responsables (que lo son) con caras y nombres. Todos son importantes, porque todos ¡son! Y premios, muuuuuchos premios. Merecidos, doy fe. Y la agenda 21 con el rincón botánico, los pájaros y el reciclaje organizado de papel. Y la sonrisa. Y el saludo infinito en cada cruce de pasillo o escalera. Y la máquina de café y las pastas (eskerrik asko). Y otra vez el color en las batas de las andereños – ¡diseño puro! – flores, números, letras, verdes, naranjas, azules… Y la comida compartida, las historias personales, el acercarse al otro. Y siempre los protagonistas, pequeños artistas ruidosos “itxasontzi baten…” Y la reina del alfabeto en la especial aula de niños especiales, con la atmósfera tan cargada de alegría y estímulo que asfixia.
Podría seguir infinítamente pero se me atropellan los sentimientos. Y porque no quiero que se me vaya el olor a plantas, ni el ambiente de hogar, ni la amistad sin clasificaciones profesionales, ni las constantes sonrisas, ni los saludos abiertos, ni los estrechos abrazos, ni los besos ¡de verdad! lo he querido dejar escrito. Y como pienso que la inmensa solidaridad y respeto que llenan vuestras aulas y pasillos, junto a toda ausencia de victimismo, legitiman por completo vuestra constante reclamación de justicia y la necesidad de ser equitativos ante una realidad tozuda… Para lo que queráis.
Cristina, Inés, Cris, Ángel y todos y todas las esclavas de la esperanza que vivís en ese mundo increíble llamado CEP Artatse LHI, ¡Eskerrik asko! Sin ningún lugar a dudas ese día ha sido para mi una gran lección magistral.
(Puede haber caducado)