«No hay trabajo, no hay papeles, no hay dinero... no hay nada»
La Voz de Galicia, 04-07-2010No me resulta nada fácil superar el muro de desconfianza, pero el tedio y mi insistencia acaba por vencer la resistencia de Álex, que me cuenta algunas cosas. Que, en su país, Senegal, vivía cerca del mar, donde trabajó. Por eso tal vez salvó su vida. El viaje en patera, que le costó dos mil euros, llevaba el sello de la tragedia y tres de sus compañeros de viaje se dejaron la vida a lo largo de los doce días de travesía hasta Tenerife. Luego voló a la Península y enseguida acabó en A Coruña.
Hace un par de años que anda con los discos. La peor mercancía. Se ve enseguida. La gente se para más ante las gafas, los gorros. Algunos compran tras un intenso regateo. Álex los mira. No puede cambiar de material. No todavía. Dice que con cien euros lo haría pero, ¿quién junta cien euros en esas circunstancias? En el mejor de los casos, el mes puede reportarle 30 o 40 euros. ¿Cómo se puede vivir con 40 euros? Álex se encoge de hombros y me explica que unos se ayudan a los otros. Vive, dice, con otros cuatro senegaleses en un piso que les cuesta 380 euros mensuales y que hace ya tres meses que no pagan: «El dueño es bueno, pero dice que es último mes que no pagamos. El próximo, a la calle».
La paz coruñesa
La policía se ha llevado sus discos más de una vez. «Cinco veces», aunque sonríe un poco cuando admite que nunca estuvo en comisaría y que a alguno de sus compañeros les tomaron las huellas. Solo sonríe un poco, claro, porque cuando hablamos de las alternativas a la manta, expone en una docena de palabras en perfecto castellano sus descorazonadoras expectativas: «No hay trabajo, no hay papeles, no hay dinero… no hay nada».
Pese a que ha conocido también la amarga experiencia de trabajar para patrones que no pagan, dice que le gusta A Coruña – «Hay mucha paz» – y que espera progresar y regresar a su país cuando pueda. Se interrumpe cuando pasan un trío de africanos, mucho mejor vestidos y pendientes de los caros escaparates que nos rodean. Apretones de manos y saludos en lenguas ignotas. Ahí van, con seguridad, las expectativas de Álex. Papeles, trabajo y ese aire despreocupado con el que se pasean sus compatriotas. Los que sí encontraron su suerte.
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