Existe un islam amable
La Vanguardia, , 01-07-2010Josep Maria Puigjaner
En nuestro país, la presencia cada vez más numerosa de personas procedentes de países de religión musulmana resulta para muchos inquietante. Se extiende la sensación de que el fundamentalismo y el peligro de actitudes radicales podría amenazar la necesaria convivencia. Ese temor difuso se deriva del hecho de que los catalanes y, en general, los españoles tenemos conocimientos rudimentarios sobre los creyentes en Dios, seguidores del profeta Mahoma. La impresión más generalizada es la de que el islamismo es una religión, por lo menos en apariencia, poco evolucionada. Las prácticas tradicionales que observan los creyentes les acercan a Dios, pero poco tienen que ver con la evolución del espíritu en el mundo. El islamismo mayoritario, al menos entre aquellos musulmanes que viven entre nosotros, no suele mostrar señales de adaptación a los procesos de mutación que experimenta el mundo, ni parece incidir en la resolución de los problemas que generan las sociedades modernas. Tampoco se percibe una clara actitud de colaboración en el diálogo entre las religiones.
Pero hay concepciones del islam, desconocidas casi en nuestro entorno, que se mueven en una órbita mucho más próxima a la del cristianismo, mayoritario en Occidente. En un coloquio filosófico en torno al pensamiento de Teilhard de Chardin, celebrado hace unos meses en Lyon, el filósofo Soufiane Zitouni centró su intervención en exponer la tradición espiritual del islam sufí y señaló las correspondencias que existen entre esta tradición y el pensamiento totalizador del genio francés.
“El Dios de los sufíes – dijo-puede ser concebido a la manera del Punto Omega de Teilhard”. Siguió manifestando que hay efectivamente un islam abierto al futuro del mundo, que desea contribuir a los propósitos de fraternidad y de paz en la humanidad. Este filósofo se alinea a favor de un encuentro entre las religiones monoteístas de toda la Tierra, y propone que este encuentro se realice a partir de la adhesión de todas ellas a un humanismo de convergencia a escala mundial.
Está claro que el islamismo tiene todavía mucho camino que recorrer, y debe recorrerlo si de veras desea ser un factor importante de vivificación espiritual de un mundo que se globaliza y tiende a demandar una actualización de las religiones y de sus planteamientos básicos en lo que atañe a lo espiritual y lo trascendente.
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