Los ingresos por herencias se disparan en un año en Casa Caridad

Las Provincias, BEATRIZ LLEDÓ | VALENCIA., 30-06-2010

Casa Caridad Valencia acabó 2009 con 300 socios más que el año anterior, el doble de donativos y 39 nuevos voluntarios. Son las cifras de la solidaridad valenciana en tiempos difíciles. Pero uno de los datos más gratificantes ha sido el aumento de las herencias dejadas a la entidad benéfica. Los ingresos procedentes de estos legados se han disparado en un año.

En 2008, los beneficios por estas donaciones reportaron 29.186 euros. El año pasado la cifra llegó a los 529.0088. «Fueron unos ingresos atípicos», reconoció el presidente de Casa Caridad Valencia, Antonio Casanova, durante la presentación de la última memoria. En concreto, la entidad recibió cinco herencias en 2009. Estos bienes pueden ser tanto dinero, como acciones o viviendas.

Precisamente, la Escuela Infantil en Torrent construida por Casa Caridad y que empezará a funcionar a principios de septiembre está ubicada en unos inmuebles donados por una persona anónima.

La generosidad de estos donantes ha llegado en medio de una situación complicada. «Estamos totalmente desbordados en las atenciones sociales», admitió Casanova, quien hace sólo unos meses comparó la realidad actual con la posguerra. La crisis económica ha vuelto a inundar la calle de hambre. Las más de 340.000 raciones de comida servidas el pasado año lo confirman. Este dato supone un aumento del 143% con respecto a 2008.

Y lo peor es que el reparto de alimentos parece no tener techo. Los peores augurios de comienzos de 2010 se están cumpliendo. «En los cinco primeros meses del año ya se ha incrementado un 20,7%», apuntó el presidente de Casa Caridad Valencia. El comedor del Paseo de la Pechina ha llegado a servir 529 platos calientes en una sola jornada. Un triste récord que podría repetirse en los próximos meses.

El final del túnel aún queda muy lejos. «La situación se alargará durante los próximos dos años», alertó Casanova. Las interminables colas para comer lo evidencian. «Es lamentable que en una sociedad de bienestar social tengan que venir tantas personas pidiendo comida, es más propio de una economía subdesarrollada que de un país como España», criticó Casanova, quien señaló que cada vez son más los españoles que acuden a Casa Caridad Valencia, especialmente a los albergues.

Estas instalaciones (con capacidad para 70 personas, de las cuales 10 se guardan para emergencias) también permiten hacerse una idea de la precariedad de muchos valencianos. Está siempre al completo. Y la permanencia en él va en aumento. «Los problemas de acceso al mercado laboral y a la vivienda han desembocado en que se prolongue la estancia de los usuarios del albergue», explicó la directora gerente, Guadalupe Ferrer.

Durante 2009, más del 40% de estas personas pernoctó entre uno y tres meses en las instalaciones y se detectó un incremento de los que permanecen entre seis y 12 meses.

Otro termómetro de las dimensiones de la crisis es el servicio de higiene. 30 personas acuden cada día a ducharse. «El año pasado fue empleado por 8.583 usuarios, lo que lleva a preguntarse cómo estará la gente en sus casas que no tienen medio para poder ducharse», reflexionó Casanova.

La Escuela Infantil, con 33 plazas disponibles para niños de 1 a 3 años, también está repleta. En 2009, tuvo 165 solicitudes, es decir, cinco peticiones por plaza. La mayoría de peticiones procende de familias inmigrantes y monoparentales, donde los menores están a cargo de la madre.

Más jóvenes

Una de las tendencias más preocupantes es el rejuvenecimiento de quienes llaman a la puerta de Casa Caridad Valencia en busca de ayuda. Y es que el 72% de la población que ha acudido allí en los cinco primeros meses de 2010 tiene menos de 40 años. «Es un dato muy triste. Todas ellas son personas que están en edad de trabajar y se encuentran incapaces de encontrar una respuesta a su vida, lo que en ocasiones les conduce a depresiones».

Es el caso de Luis Felipe, un brasileño de 31 años que lleva ocho meses en Valencia. Su ilusión por encontrar un trabajo se desvaneció desde que pisó la Comunitat. Y los ahorros que acumulaba se esfumaron casi tan rápido como sus esperanzas por salir adelante. «He buscado empleo en el campo y en la construcción pero no hay nada. Tenía una habitación alquilada pero sólo pude pagarla un par de meses. Como gracias a Casa Caridad», reconoció este inmigrante.

Junto a él, una madre soltera valenciana, que acude a la institución benéfica desde hace un par de meses. «Nunca imaginé que llegaría a esto», admitió sin ahondar en detalles.

Ferrer destacó que la entidad ha dejado de atender el perfil de sin techo para asistir a personas sin recursos económicos a consecuencia de la crisis económica.

Pese a la avalancha de personas necesitadas que atiende cada día Casa Caridad, su presidente lanzó mensaje de tranquilidad. «La entidad tiene recursos suficientes a medio plazo para hacer frente al previsible aumento de usuarios en los próximos dos años, dinero procedente de sus socios y de las donaciones, algunas anónimas, que realizan los ciudadanos», afirmó.

Por su parte, el vicepresidente de Comunicación y Marketing, Fernando Giner, destacó la labor del voluntariado, 114 personas anónimas, casi el doble que el año anterior, y cuya ayuda es «imprescindible».

Dos proyectos

La entidad se siente respaldada «por la sociedad valenciana» y sólo piensa en seguir ayudando a los que más lo necesitan. Prueba de ello son nuevos proyectos que ya se han hecho realidad.

El primero es la Escuela Infantil en Torrent, que comenzará a funcionar a principios de septiembre con 45 niños. El otro, la creación de un módulo de convalecientes para atender a personas sin recursos ni familia que han sido operadas en un hospital, y que ya cuenta con cuatro usuarios.

También está en estudio la creación de un albergue para convalecientes, con capacidad para alrededor de 30 personas. «Es un proyecto de futuro aún en fase incipiente», matizó.

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