TRAGEDIA EN LA ESTACIÓN DE TREN DE CASTELLDEFELS La presencia de jóvenes latinoamericanos se debía a su preferencia por la playa de Castelldefels

El peligro no entiende de orígenes

La Vanguardia, , 25-06-2010

JOSEP PLAYÀMASET – Barcelona

PESO INMIGRANTE El 27% de los catalanes de 15 a 29 años son nacidos en el extranjero

CÓNSUL DE ECUADOR “Castelldefels es la playa símbolo de la fiesta de Sant Joan”, dice Freddy Arellana
El cónsul de Ecuador en Barcelona, Freddy Arellana, se convirtió ayer en protagonista involuntario de la tragedia. Se desplazó a Castelldefels para atender a los familiares de las víctimas y cuando aún no se conocía la identidad de los implicados explicó que había personas de Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia. Incluso lamentó que la Generalitat no se hubiese dirigido a los representantes de la comunidad latinoamericana, una de las más perjudicadas por la tragedia, como también se podía deducir de las declaraciones a los medios de personas presentes en la noche de Sant Joan en la estación de Castelldefels.

La presencia de jóvenes inmigrantes en una fiesta tan catalana como la de Sant Joan no tiene nada de sorprendente. Un reciente estudio publicado por la Secretaria de Joventut de la Generalitat, Joves d´origen immigrant a Catalunya,dirigido por Amadeo Alarcón, establece que según datos del padrón del 2008 el 27% de la población catalana de 15 a 29 años ha nacido en el extranjero. Se calcula que residen en territorio catalán un total de 370.000 jóvenes de 150 países distintos. El porcentaje de extranjeros es mucho más elevado en esas edades que entre los ancianos. Sólo entre el año 2004 y el 2007 han llegado 65.000 jóvenes por reagrupamiento familiar.

El peso del colectivo latinoamericano es superior entre los jóvenes. Así, por ejemplo, entre los alumnos escolarizados en Catalunya, aproximadamente un 44% son de origen latinoamericano.

El grupo más numeroso es el ecuatoriano, por delante de colombianos, bolivianos, argentinos y peruanos. Este colectivo latino es superior también en determinadas ciudades del cinturón metropolitano como es el caso de l´Hospitalet y en concreto en barrios como Bellvitge. Desde esta zona es habitual utilizar el tren para desplazarse hasta las playas de Castelldefels.

El propio cónsul Freddy Arellana lo explicó ayer al señalar que “Castelldefels es la playa símbolo de la fiesta de Sant Joan”. Los jóvenes latinoamericanos se sienten más cómodos en las playas que en las fiestas de barrio. Además en noches como la de ayer no hay controles policiales para impedir la venta ambulante de bebidas, ni restricciones horarias, ni límites a los decibelios de música, de modo que la playa es el refugio ideal. En las playas de Barcelona el lleno anteayer fue también absoluto y también pudo apreciarse la gran presencia desde primera hora de la noche de jóvenes de origen extranjero, mientras que los catalanes fueron llegando a medida que avanzaba la madrugada y concluían las verbenas privadas y las fiestas organizadas en los barrios.

¿La doble condición de jóvenes e inmigrantes pudo aumentar el riesgo de accidente? La respuesta es negativa. La psiquiatra de Castelldefels, Purificació Salgado, considera que “el comportamiento de esos jóvenes es similar al que podían haber tenido otros de aquí”. La actitud impulsiva, el comportamiento grupal, las prisas por empezar la fiesta no tienen nada que ver con la nacionalidad. Para entendernos, pesaba más la nevera llena de botellas que querían depositar ya sobre la arena que el acento.

Es cierto que en los colectivos latinoamericanos se observa una mayor influencia del grupo sobre el individuo y una mayor necesidad de autoafirmarse, lo que en los centros escolares llega a provocar problemas de liderazgo. Pero no es el caso de este accidente. La mayor presencia de jóvenes ecuatorianos o colombianos cabe atribuirla a la casualidad, al lugar y al tren que pasaba por allí. ¿Quién no ha cruzado alguna vez una vía en vez de utilizar los pasos subterráneos o los puentes? Era la pregunta que ayer planeaba sobre la tragedia. Los servicios de megafonía de las estaciones no dejan de recordar el peligro que supone, pero en la noche de Sant Joan confluyeron más allá de la imprudencia una serie de factores fatales. Y el primero fue que a las 23.30 horas, en el momento de bajar los pasajeros del cercanías, pasase el Euromed.

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