Tribuna Abierta

Los inmigrantes les importamos un "carajo"

* Periodista colombiano, presidente de la Asociación Ozen Komunika y director del periódico Nuevo Euskadi, Por Wilson Quintero

Deia, , 22-06-2010

Tribuna Abierta
Los inmigrantes les importamos un “carajo”

  • Periodista colombiano, presidente de la Asociación Ozen Komunika y director del periódico Nuevo Euskadi, Por Wilson Quintero – Martes, 22 de Junio de 2010 –
    compartir (¿qué es esto?)

EL cierre de Heldu no sólo implica recortes en los presupuestos en el Gobierno vasco. Necesarios sí, pero ¿a qué precio? Ese cierre va más allá: se clausura un espacio legal que nos ha ayudado a miles de personas migradas a Euskadi a obtener asesoría legal gratuita para regularizarnos administrativamente en este país. He podido en más de una ocasión dar las gracias a uno de los abogados que hoy paradójicamente está en el gobierno que cierra el sitio donde él trabajó. Quizá hasta él mismo se haya sorprendido como yo. Pero este texto no pretende calumniar a nadie por su pasado laboral, aunque sí expresar unas ideas fundamentales basadas en el principio de contradicción, el descontento que me causa tal cierre y la formulación del interrogante, ¿hacia dónde van el Gobierno vasco en materia migratoria y la Consejería de Vivienda y Asuntos Sociales?

Cuando estuve colaborando en Harresiak Apurtuz, tuve la oportunidad de ver de cerca algunas contradicciones que existen en esta sociedad en el tema migratorio. La primera: organizaciones como Harresiak pueden llegar a quedarse solas si las instituciones no les ayudan e incluso ser mal interpretadas en su esfuerzo por defender los derechos de las personas migradas. Lo cual no debería caber en la cabeza de una persona nacida en este país, cuando un referente colectivo de esta sociedad en el extranjero es su espíritu migratorio.

Segunda: la solidaridad del Gobierno vasco y de los partidos se veía en la conformación de iniciativas como Heldu (2002). Desde Harresiak, CEAR, Cáritas, y desde organizaciones conformadas por personas migradas, remitíamos con ánimo a miles de personas para que pudieran gracias a Heldu iniciar su proceso legal; aunque el primer escollo fuera la propia legalidad: la ley estatal de extranjería. Ese ingente esfuerzo hacían los y las abogadas de Heldu.

Tercera: Las sociedades sin migrantes no son posibles. Por lo tanto, los intentos por reformular las políticas matizando el desprecio, la segregación, son absolutamente despreciables y pueriles. Jamás, ni siquiera pueblos ortodoxos étnicamente que recurren a la violencia para expulsar a sus migrantes, han tenido éxito. Las personas migrantes somos el reflejo de que la vida continúa pese a la exclusión. Recordemos a los vascos despreciados en muchos sitios, exiliados, repudiados y acogidos, sólo este hecho bastaría hoy para que este pueblo fuera el mayor ejemplo de acogida. Por lo tanto, no cabe que un Gobierno vasco como el actual acabe dando el mal ejemplo de achicar espacios para las personas migradas a Euskadi. Esto, muy a nuestro pesar, demuestra que para los socialistas vascos la inmigración, usando una palabra recurrente en la literatura del maestro Gabriel García Márquez, vale un carajo (es decir nada).

La cuarta contradicción se apoya en una conversación que mantuve cuando una amiga me informó del cierre de Heldu. Me decía que ella pensaba que Heldu hacía parte de cierta burocracia, como Biltzen, y que si no cumplían su función era mejor cerrarlas. No me sorprendió su juicio, pues es una persona pragmática como la que más. Entendí su posición e incluso pensé en la contradicción que me han generado técnicos y técnicas de migración xenófobas que he tratado; o en el técnico de inmigración que hace poco la mandó callar a ella por sugerir cambios en un proyecto de inmigración de su ayuntamiento. Incluso concordamos que algunas personas están en esos cargos por favores políticos. También pensé en la funcionaria del Registro Civil que me entrevistó en febrero para optar a la nacionalidad. La señora culpaba a la migración de la crisis global y a las mujeres extranjeras de tener hijos por docenas; de la tropicalización de Bilbao, esa funcionaría me miraba con el desprecio irrisorio y vulgar que da la prepotencia y no aceptaba mis réplicas a sus ideas medievales. Esa misma funcionaria (me gustaría tanto que pudiera leer este desagravio que hago público hoy) debió mandar a regañadientes mi expediente de nacionalidad a la Policía y a quien no quise denunciar porque vi en sus ojos un destello de rabia y mal rollo. Por comprensión hacia su discriminación me detuve, por no corresponder a su insolencia, cuando mi amiga me hablaba del cierre de Heldu.

El afecto por mi amiga me impide compartir totalmente su opinión y menos la de los y las técnicas de migración que hacen un oficio a medias, que les gusta comer intercultural pero no aceptarían a un médico africano, o a un chófer de autobús chino, boliviano o colombiano. Tampoco, con todo respeto lo escribo, puedo aceptar las burlas y las mentiras de las personas migrantes. Soy incapaz de entender cómo no hemos podido hacer mejores leyes migratorias en este país en donde los malos no sean siempre las personas migrantes y donde la convivencia sea realmente intercultural, no esta benevolente asimilación que se vive aquí. Y tampoco puedo estar de acuerdo con las personas que hacen mal uso de los recursos sociales porque ellas legitiman las medidas reformistas del Gobierno. Y no levanto el dedo acusador porque no soy juez de instrucción criminal. Menos puedo estar de acuerdo que el político de turno en el Gobierno vasco se alimente de esas reformas y tire por los suelos décadas de bonanza en derechos de la ciudadanía vasca recalando en esa posición reformista. La Consejería de Vivienda y Asuntos Sociales se ahorrará 1 millón de euros ahora… que se le puede triplicar en contra por los costos en los daños sociales a medio y largo plazo. Los recortes de presupuesto entiendo yo en mi economía de maíz se hacen por donde no va a hacer falta, no por donde ya no sobra. Ése es un problema añadido al mirar con lupa partidista lo que debiera verse con lente de política social.

Mi última contradicción se basa en las siguientes preguntas: ¿hacia dónde va el Gobierno vasco actual en materia migratoria? ¿Qué pasará mañana si el comentario de mi amiga sobre el cierre de Heldu augura el cierre de Biltzen? ¿Qué se cerrará después? ¿Quién va asistir a tantas personas que no tienen manera de pagar un abogado? El panorama es turbio. Los costes sociales son más altos que el ahorro en euros y los costes políticos serán también altos. Creo que hemos retrocedido años: la ilegalidad se favorecerá, la contratación ilegal que abunda campara sin sobresaltos y hasta la discriminación natural en la sociedad de acogida, hallará eco.

Todo parece indicar que el Gobierno vasco en sus cambios políticos no ha dimensionado lo que significa el cierre de Heldu o de las entidades solidarias con las personas migradas a Euskadi. Mucho me temo que el desplome de la racionalidad social preexistente en el Gobierno vasco beneficiará a los partidos de la oposición, pero más allá está el daño a las personas migradas que se encuentran en situación irregular administrativamente. Estos cambios harán también que los servicios de asistencia legal a personas migradas de los ayuntamientos se colapsen o dejen de prestar servicios eficientemente y que emerjan los especuladores legales, entre otras consecuencias. Es posible que ahora se note poco porque la contradicción está más presente que nunca en un modelo de sociedad en donde ser persona migrante ¡vale un carajo!

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)