UN ENCUENTRO MUSICAL ÚNICO
El gringo y la chispa gitana
El tejano Howe Gelb presentó en Apolo 'Alegrías', el disco que ha grabado en Córdoba y en el que mezcla rock y duende flamenco. Raimundo Amador se sumó a la gran fiesta.
El Periodico, , 22-06-2010«Este es el típico concierto que dentro de 20 años dirán haber visto 3.000 personas», exclamaba un espectador, lamentando que, en realidad, apenas hubiese un centenar. «Es el mejor concierto que le he visto en Barcelona en los últimos 12 años», calculaba otro, refiriéndose a Howe Gelb. Y es que el músico estadounidense actúa a menudo en la ciudad (la última vez fue en enero), pero pocas veces ha firmado un concierto con tanta miga como el del domingo en Apolo.
Se veía venir, porque Gelb ha visitado Córdoba varias veces en los últimos años para moldear un cancionero que acercase el country – rock al flamenco. Y aunque el disco, Alegrías, ya es un hallazgo, en escena suena más fresco y genuino. La entrada fue pobre, pero a la salida las miradas eran de desorbitada aprobación. Ahí dentro había ocurrido algo único. Apolo fue un tablao abierto hasta el amanecer o un bar de carretera tejano, pero nunca un frío laboratorio de pruebas.
Los músicos se habían ubicado en escena como en un cuadro flamenco. Gelb, en un extremo. A su lado, las guitarras flamencas. En la otra punta, la batería y el cajón. Y en el centro, junto al director del proyecto, el cordobés Fernando Vacas, el contrabajista danés Thoger T. Lund, quizá pensando: «En buen lío me he metido». En efecto, se había metido en el mejor lío posible. Podrá contarlo un día a sus nietos.
Difícilmente hayan sonado antes en un mismo show la tradicional folk Wayfaring stranger y el no menos clásico Camarón de Pata Negra, pero así de revuelta fue la noche. Gelb cantó en castellano The ballad of Lole y Manuel. La banda tocó palmas y jaleó lereles mientras él susurraba batallas que ni Clint Eastwood y Neil Young osan afrontar. Y cuando salió Raimundo Amador saltaron chispas de la calma hoguera.
Alérgico al ensayo, Amador observaba los dedos de Gelb e improvisaba endiablados punteos de blues gitano para rizar el rizo. Pero, magia, todo sonaba como si se hubiese probado y aprobado hace un siglo. Como si las raíces de la música estadounidense y la gitana se hubiesen enlazado bajo tierra sin molestarse en avisar a los de aquí arriba.
El tiempo dirá si Alegrías marca un hito discográfico en la fusión de géneros sureños como lo hizo el Blues de la frontera de Pata Negra. (El propio concepto de hito discográfico parece ya de otro siglo). Pero el domingo Gelb y sus gitanos la liaron parda. Y sin despeinarse.
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