UNA LACRA SOCIAL EN UN PAÍS AFRICANO
Las víctimas condenadas
La 'zina', que significa adulterio, criminaliza en Mauritania a las mujeres que sufren agresiones sexuales. Una asociación las defiende ante los tribunales y la sociedad.
El Periodico, , 22-06-2010Artículo 306. Inocentes números al leerlos, pero que acaban con tu honor, te convierten en culpable, te marcan para siempre. Detrás de esos números está la denominada zina (adulterio, en árabe) y una pena de cárcel de hasta dos años.
Había entrado la noche cuando la joven Aicha salió a caminar y lo hizo de la mano de un extranjero o –lo que es lo mismo para la mentalidad conservadora de este país– acompañada de un no musulmán. Los imanes ven censurable que una mujer ose ultrajar públicamente «el pudor y la moral islámica», y por ello debe ser castigada según el artículo 306. Aicha fue condenada a ocho meses de cárcel.
La zina, este maldito artículo, incluso criminaliza a la mujer cuando ha sido víctima de una agresión sexual. Su voz no cuenta, su testimonio tampoco. Lo único que vale para salvar el pellejo, esta vez el de Sara, una joven de 17 años, es una prueba de un ginecólogo que ponga negro sobre blanco, inocente sobre imputada, y muestre que fue violada en contra de su voluntad.
Han pasado dos años desde que fue agredida sexualmente de forma repetida por cinco hombres. Cuando el infierno terminó, el cielo se le abrió: «En mi caso mis padres me apoyaron, me ayudaron a denunciarlo, recurrí a una asociación que me proporcionó la píldora del día después y entre todos ganamos la batalla», asegura Sara. Es una mauritana con suerte porque la justicia en este país demoniza a la mujer en lugar de considerarla víctima y Sara fue de las que salió indemne de su propia tragedia; con la cabeza alta y honorable ante amigos, familiares y vecinos. Pero su caso es excepcional. La mayoría se convierten en una vergüenza social.
Los cinco violadores de Sara purgaron un año en la cárcel. «Sin pruebas, la ley islámica castiga a la mujer por mantener relaciones extramatrimoniales aún tratándose de una violación. Y no solo te castiga la ley, también la sociedad», asegura Zineb Taleb Moussa, presidenta de la Asociación Mauritana por la Salud de la Madre y del Niño (AMSM). En el último año, 33 jóvenes de la capital mauritana fueron violadas y cuatro de ellas viven entre rejas, pero este es solo el dato oficial.
Para reunirse con Zineb hay que cruzar la capital, Nuakchot, llegar hasta los barrios periféricos y caminar sobre arena, y eso es lo único que encuentras, arena, a un lado y al otro, además de miseria. Cabras que sedientas buscan entre los escombros la última gota de una lata de refresco hasta topar inesperadamente con un muro. Siguiendo la línea del muro, y dejando atrás montañitas de viviendas con techos y suelos de lona, se abre la puerta de la asociación donde se reúnen un puñado de mujeres desahuciadas. El centro se ubica en mitad de este entorno popular con el fin de llegar antes a las jóvenes analfabetas que, por miedo a las represalias, callan cuando la barbarie llama a su casa y gritan tarde, cuando el vientre se dispara. «Estamos trabajando para que las jóvenes pierdan el pavor y no esperen a tener dos meses de embarazo tras un acto de violencia sexual. Aquí las atendemos, le damos la píldora abortiva y trabajamos para defender sus derechos ante la justicia, inspirada en la ley islámica», explica Zineb.
El papel de los ulemas
Esta asociación de mujeres, desde hace unos años, pide al colectivo de imanes y ulemas, los intérpretes de la ley islámica, que colabore en sensibilizar a las jóvenes para que denuncien las agresiones sexuales. «Necesitamos ganar su complicidad para que en las mezquitas, a la hora de la oración son víctimas y no verdugos», continúa Zineb. Según la presidenta de la AMSM, la colaboración de los eruditos es fundamental en sociedades conservadoras como la mauritana donde la palabra del religioso es respetada con rigor.
Según Zineb, los desafíos son enormes. «Aquí el sexo es tabú e incluso las mujeres casadas que quedan embarazadas lo ocultan porque hace alusión a las relaciones sexuales. Hay que trabajar para cambiar la mentalidad».
La cuestión de la violación comenzó a abordarse en el año 2000, lo que significó un cambio drástico del concepto que tradicionalmente se tenía de la mujer mauritana en cuya sociedad siempre jugó un papel vital para la supervivencia de los hombres. La multiplicación de los casos de agresión sexual y de las condenas por zina han puesto a la mujer en otro lugar menos privilegiado. «¿Sigue siendo esta una sociedad matriarcal, como lo ha sido históricamente, cuando las leyes apenas protegen a la mujer?», se pregunta Zineb.
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