La complejidad de abordar el burka

El ministro de Justicia se ha sumado a la idea de prohibir esta prenda en los espacios públicos, cuando su uso tiene un trasfondo muy complejo que va más allá de las leyes y de las normas de los países occidentales

Diario de noticias de Gipuzkoa, , 16-06-2010

el burka que utilizan algunas sólo algunas mujeres que profesan la fe islámica, es una prenda que atenta contra la dignidad de las personas que lo llevan ya que las anula como personas y las invisibiliza ante la sociedad. Dicho esto, el reciente debate que se ha extendido a lo largo de la geografía del Estado español tras la decisión de algunos ayuntamientos de prohibir su uso en los espacios públicos exigiría una mayor concreción para que cualquier decisión sobre este tema no estuviera lastrada por los prejuicios. De hecho, en línea con las decisiones de algunos municipios catalanes y andaluces, el ministro de Justicia español, Francisco Caamaño, admitía ayer que la próxima ley de libertad religiosa limitará el uso del burka, lo que añade aún más confusión a la razón de ser real de una preocupación que a punto está en derivar en normas de conducta y castigos. Y es que, hasta el momento, la única argumentación que han sustentado los planes de prohibición de llevarlo ha tenido que ver con la seguridad; o mejor dicho, con la inseguridad que genera en la convivencia diaria de calles y otros espacios públicos la posibilidad de que haya personas con el rostro tapado. Una preocupación, sin duda a tener en cuenta, y que debería llevar a esas mismas instituciones a regular el uso de otros accesorios como cascos de moto, pasamontañas o gorras, ya que su uso también podría suponer un factor de peligro. Otro de los argumentos esgrimidos tiene que ver con la dignidad de las personas, en este caso de las mujeres que se ven obligadas a llevar esta prenda. Este mismo razonamiento debería abrir la posibilidad de debatir sobre lo que la sociedad actual considera como tal y sobre el resbaladizo asunto del precio que muchas chicas jóvenes y mujeres terminan pagando por responder a los cánones de belleza, por ejemplo que imperan en la sociedad y si ésa es también una cuestión de dignidad. Y finalmente está el argumento de la libertad religiosa, más resbaladizo aún, ya que supone un cuestionamiento total de las vestimentas que las sociedades con raíces cristianas han adoptado como normales por parte de sus representantes religiosos. Que las mujeres que usas burka terminen prescindiendo de esta prenda en los países occidentales en otras latitudes el entorno lo hace más difícil va mucho más allá de leyes y normas escritas, y no abordarlo en su complejidad sería quedarse en un plano superficial.

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