Una nueva crisis de refugiados
En cinco días, 275.000 personas han huido de sus casas en el sur de Kirguizistán
Deia, , 16-06-2010La ola de violencia que se ha desatado en Kirguizistán ha provocado una nueva crisis de refugiados en el mundo. En apenas cinco días 275.000 se han visto obligadas a abandonar sus casas, 200.000 se han convertido en desplazadas internas y otras 75.000 en refugiados en el vecino Uzbekistán, según informó ayer el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Uzbekistán cerró ayer su frontera con Kirguizistán ante el incontenible flujo de refugiados uzbekos que huyen de la violencia en el sur del país. “Simplemente ya no tenemos capacidad”, explicó el viceprimer ministro de Uzbekistán, Abdulla Aripov. Los dos países han pedido ayuda internacional para hacer frente a esta catástrofe humanitaria.
Los refugiados están siendo alojados en campamentos, escuelas, jardines infantiles y hospitales de la región de Andijan. Unicef envió medicamentos y tiendas de campaña. Habló, asimismo, de “numerosos pacientes con heridas de bala que deben ser tratados”, así como con malas condiciones higiénicas. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (Osce) condenó ayer la violencia en el sur de Kirguizistán y habló de un intento de limpieza étnica de la minoría uzbeka. A este respecto, la oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos advirtió que la violencia comenzó con cinco ataques coordinados, aunque posteriormente ha adoptado un carácter de conflicto interétnico que podría dispararse hasta quedar fuera de control. “Tenemos fuertes indicaciones que este suceso no fue un enfrentamiento espontáneo entre etnias, sino que hasta cierto punto fue orquestado, dirigido y planeado”, según el portavoz de la oficina de la ONU, Rupert Colville.
“Puede ser erróneo denominarlo, al menos de origen, como un conflicto entre etnias. Parece que hay otras agendas que lo condujeron inicialmente pero, una vez que se derivó por la línea de las etnias, entonces, por supuesto que se comienza a tener una visión clara y reacciones de venganza, que es lo que lo hacen especialmente peligroso”, explicó.
Fuerzas de paz Por su parte, el Gobierno provisional de Kirguizistán afirmó que el conflicto, en el que han muerto más de 170 personas, “está amainando”, pero insistió en pedir a Rusia el envío de fuerzas de paz. “El conflicto en Osh y Jalal – Abad está amainando y el Gobierno provisional confía en que se mantendrá esta tendencia”, dijo la presidenta interina, Rosa Otunbáyeva, en la capital, Biskek, sobre los enfrentamientos entre kirguises y uzbekos. Por primera vez desde el pasado día 11, cuando estalló la violencia, ayer no se registraron nuevos pogromos e incendios. Incluso, abrieron algunos comercios, aunque continúa la tensión y las calles siguen cortadas con barricadas y patrulladas por militares y policías.
Al mismo tiempo, Otunbáyeva dijo que las autoridades negocian con el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, “la introducción de tropas para separar a los bandos enfrentados porque el decreto que autoriza el uso de las armas contra los provocadores no se cumple plenamente”. Para Otunbáyeva, los sangrientos incidentes han demostrado que “el Ejército kirguís no tiene suficientes fuerzas” para controlar totalmente la situación, mientras los efectivos de Interior “están desmoralizados”. Las autoridades kirguises consideran que los choques étnicos fueron provocados por el clan Bakíev, que tiene muchos partidarios en el sur, mientras que la numerosa minoría uzbeka local respalda al Gobierno provisional, y temen que la violencia se extienda al norte del país y a la capital.
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