Confesarse en chino

La Vanguardia, , 15-06-2010

Daniel Arasa

Católicos que sólo hablan mandarín se confiesan con un cura de Santa Coloma que no conoce su idioma
Debates sobre multiculturalidad o integración de los inmigrantes están a la orden del día. Las administraciones movilizan expertos y crean organismos carísimos y nadie sabe por dónde salir. Pero a la vez surgen formas de acogida al inmigrante sin demasiadas zarandajas. En la parroquia de Sant Joan Baptista de Santa Coloma de Gramenet han resuelto un aspecto de integración de los chinos, el religioso. No se limitan a la atención social, sino que entran a rajatabla en la práctica religiosa. Los chinos católicos que ni chapurrean más lengua que el mandarín, y algunos probablemente mal, no por ello dejan de confesarse con un cura que no huele una palabra de su idioma. Los feligreses tienen claro que para ir a comulgar han de confesarse si han pecado. Para la comunidad china, el párroco tiene en el confesonario una tablilla en la que han escrito los mandamientos de la ley de Dios en chino y en lengua autóctona y junto a ellos el número y la especie de los pecados. Allí van los penitentes y con el dedo van señalando donde corresponde antes de que les absuelvan. Pensábamos en complicadas ecuaciones para la integración y resulta que en una humilde iglesia del sencillo barrio del Fondo de una ciudad de carácter suburbial han avanzado mucho. A veces los asuntos complejos tienen soluciones sencillas

El risueño y entusiasta rector, Francesc Espinar, lo ve como lo más natural del mundo. Es un retorno a las misiones. Así confesaban siglos atrás los misioneros cuando no conocían el idioma del país al que llegaban. Un catequista nativo conocedor del idioma del misionero le elaboraba estas tablillas. Todo es igual excepto que hoy el indígena es el cura.

No es integración global, pero sí de la importante vertiente de las convicciones íntimas y paz espiritual. Algunos de estos ciudadanos chinos fueron perseguidos en su país y lo siguen estando sus familiares que son cristianos.

El cura cree que el sacerdote que cambia su identidad por ideologías acaba quedándose solo. “El sacerdote es el hombre de los sacramentos”, dice, y recuerda a sus feligreses, sean catalanes, chinos o rumanos, que la confesión es pieza clave en la vida cristiana. Y sin complejos afirma tanto que “el sacerdote que deja el confesonario pierde su identidad” como que su misión no puede reducirse a la acción social por importante que sea.

Confesar en chino en Santa Coloma resulta una rareza, pero lo verdaderamente insólito es que un cura haya tenido la osadía de priorizar la confesión cuando en muchas de las iglesias de Catalunya los confesionarios ya no existen o se han vuelto invisibles por la capa de polvo tras décadas en desuso.

Desde Santa Coloma llega un soplo de aire fresco. No todo es el caso Pretoria.

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