«Cuando la Policía me para por la calle saco mis papeles tranquilo»

El Mundo, , 13-06-2010

A los 12 años, la guerrilla raptó a Joao D. y le convirtió en niño soldado. Le prohibieron llorar. Ascendió hasta sargento y, un día, perdió la cuenta de las personas a las que había matado. Corría el año 1992 y en Angola dos ejércitos hermanos destruían el país africano. Joao estaba en los comandos búfalo de la Unita, los más sanguinarios. Hasta que un día se hartó y convenció a sus compañeros para que se entregaran. La cosa no funcionó y los mataron a todos. A él le dejaron vivo y sin un dedo.

Escapó y llegó a Namibia, después al Congo y luego a Marruecos. De ahí, a Málaga. Le denegaron el asilo por haber pertenecido a un grupo armado, pero tiene la prote-cción internacional subsidiaria por razones humanitarias, que le permite residir legalmente en España. «La Policía me ha parado varias veces por la calle. Antes escuchaba las sirenas y me ponía de los nervios. Ahora llevo encima mis papeles y los saco muy tranquilo si me los piden», cuenta. Le ha costado lo suyo obtener esa tranquilidad.

«Estuve una temporada durmiendo en el Metro y haciendo de todo para sobrevivir. Cuando me dieron el asilo, fui a un centro de acogida. Hice varios cursos…».

Joao es electricista y encofrador, aunque ahora lleva la seguridad en una discoteca de provincias. Tiene un piso en propiedad, una mujer española y dos niños pequeños. «No he sido capaz de reunir fuerzas y sentarme con mi mujer a contarle todo lo que he pasado», confiesa. En Angola dejó una hija, que tuvo en la guerrilla con otra niña soldado. «La quiero encontrar y también ver a mis hermanos». Lo que más lamenta Joao: «No he conseguido que alguien me pida perdón por la infancia que he perdido».

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